En una tumbona de 2 plazas. Entrevista a Vivian Abenshushan y Luigi Amara.
En el 2005, aburridos de leer libros solemnes y plomizos, de ver como la industria editorial (mexicana) doblaba, dobla, las manos frente al mercado, Vivian Abenshushan y Luigi Amara fundaron Tumbona Ediciones. Su proposito: crear libros lúdicos, explosivos, y knockouts. Para no extender más esta introducción y hacerla, precisamente, plomiza y solemne, los dejo, pues, con/en la Tumbona.
LA: “¿Por qué hacer una editorial y contribuir a esa montaña de libros?” *
SH: Si ya se contribuyó a esa montaña de libros, ¿qué hacer para que ésta se mueva, para que no esté inmóvil, monolítica?
LA: Nosotros hemos apelado a la imaginación, justamente porque carecemos de dinero para hacer los libros, para promoverlos, para difundirlos. Nos parece que la industria del libro está viciada en casi todos los aspectos por el sesgo comercial; entonces, digamos, es una paradoja, porque tampoco el libro puede prescindir de un circuito comercial. Hemos intentado que las presentaciones de los libros sean diferentes, las hemos hecho con videos, con videos satíricos, que los libros se encuentren en otros lugares que no son las librerías, que la gente se los tope en lugares imprevistos. Sabemos que mucha gente no entra a las librerías. Si quieres que los libros lleguen a los lectores, tienes que sacarlos de ahí. Ver de qué manera hacer del libro un objeto no serio, no impositivo, no un deber. Las campañas a favor de la lectura tienen ese sesgo moralino, bienpensante: “es bueno leer”.
VA: “Aquí aprovecho para responder a una de las preguntas más frecuentes de nuestros lectores: ¿qué demonios es una tumbona?, ¿una veracruzana con caderas voluptuosas?, ¿una madriza?, ¿una banda de pueblo con retintín? Nada de eso. Tumbona es una silla extensible y articulada, que puede disponerse en forma de canapé, es decir, de forma cuasi horizontal, la posición perfecta para la lectura, la contemplación del paisaje o de uno mismo.” *
LA: Nos interesa que el libro y la lectura sea un objeto placentero de ver, de leer, de hojear, de tener. Pensando en el mundo digital, es un proyecto un poco arcaico en la medida en que todavía cree en el fetichismo del objeto libro.
SH: Quizá tiene ver con el juego, con el libro como un objeto lúdico. Me llama la atención que trabajen con flipbooks porque no conocía una editorial mexicana que se interesara en ellos. ¿Por qué incluyeron los flipbooks en su proyecto editorial?
VA: Nace con el tipo de personas que no reunimos en la editorial. La cooperativa la hicimos dos escritores y editores, pero además, parte fundamental del discurso de la editorial ha sido el discurso visual, el diseño. Y los diseñadores, Manuel y Cristián Cañibe, del taller gráfico Éramos Tantos, no son diseñadores que están al servicio nuestro, sino que son parte de la concepción, parte creativa de la editorial. Uno de ellos es diseñador gráfico y el otro es cineasta. Desde el principio hubo un diálogo muy claro y, además, a la larga ha sido muy fecundo con otras disciplinas, sobre todo, visuales. Simplemente nos gustan los flipbooks porque son objetos disfrutables, tienen una singularidad estética que no tienen otros libros. Y además son como libros anfibios: libros para ver, entre libro y cinematógrafo portátil.
Nosotros hicimos un viaje –esto creo que ya lo he contado ene mil veces¬– a Argentina, que fue crucial. Aunque ya teníamos ganas de hacer una editorial y ya teníamos hasta el nombre, sólo después de ese viaje a pasamos a la acción y empezamos a hacer la editorial. Y justo algo que nos sorprendió mucho en Argentina fue la diversidad que había en el formato mismo del libro, y en el trato más amistoso, lúdico, juguetón, antisolemne que había con el formato y con la literatura en términos generales. Había libros enlatados, había libros que parecían cartas, estaban muy cerca del libro objeto y de la poesía visual, y eso había hecho una evolución del libro argentino, y muchas de las editoriales independientes arriesgaban ese tipo de formatos. Entre ellos encontramos a una, La marca editora, con la que tenemos muchas afinidades, que tenía una colección de flipbooks estupenda, con momentos estéticos muy elevados, más ligada al cine (nosotros hemos trabajado más con animadores), pero muy buenos. Realmente contaban una pequeña historia dentro de ese formato. Nos gustaron mucho. Compramos mucho. Conocíamos los flipbooks porque se venden mucho en galerías, hay artistas que hacen flipbooks, pero ahí vimos su carácter popular, se vendían mucho y pensamos, quizá un poco ingenuamente, que iba a ser una de las colecciones que a la larga sostendrían a la Tumbona.
En algunos segundos de lucidez en la concepción editorial, supimos que si publicábamos sólo literatura era muy difícil que la cosa prosperara, por un lado; por otro, los diseñadores, que eran parte integral de la concepción de la editorial, también querían aportar parte de su discurso, y empezamos a apostar por estos libritos. Y en efecto, en México no había ninguna editorial que hiciera flipbooks. Han tenido una respuesta entusiasta de la gente, y de gente que no es lectora, también, porque llega a un público muy variado, que quizá entra a los libros por esa otra vía. Pero las librerías han sido reticentes al objeto, no lo entienden, creen que se lo van a robar. Hemos tenido que hacer una labor didáctica, he tenido que escribir ensayos en las revistas para que la gente conozca el género.
SH: Me parece curioso, pues los libros, los flipbooks, quizá por lo pequeños, son más amables. No son un mamotreto que da miedo. Me llama la atención que las librerías sean reticentes al género y al formato, pues el género y el formato sirven para familiarizar al público con el libro en tanto objeto. Me interesa, también, que frecuenten el texto corto, el formato de bolsillo, la brevedad. ¿Por qué no hacer una antología de ensayo en lugar de libros pequeños, breves, nómadas?
LA: No es que sea una consigna de la editorial, pero si hay ese perfil indiscutible. Por ejemplo, pensando en los flipbooks, en la era de YouTube ¿para qué hacer un libro impreso con estas animaciones? Justamente tiene esa convicción de que el libro , de que el papel todavía tiene un peso estético que no tiene la imagen digital. Por eso nos interesó, también, hacer el flipbook. Porque es como una declaración de principios sobre nuestro compromiso con el objeto libro. En cuanto a la brevedad… bueno, hay, por ejemplo, los libros que hemos sacado de arte, que tienen esta voluntad en contra de los coffee table books que, por lo menos a mí, en lo personal, me parece un lujo, una mamonería, un poco chocante hacer libros muy caros para los lectores equivocados. Digamos, la gente que va a comprar libros impresos en papel couché, con quién sabe cuántas tintas, van a ser las señoras ricas de Las Lomas, que las van a tener como una carta de presentación en las mesas de su casa, pero cuya función estética o ideológica –incluso– o subversiva o cualquier cosa que pudiera tener ese libro se va a agotar porque la gente al que iba dirigido no lo puede comprar. Entonces, en los libros de arte había la idea de hacer libros de bolsillo, que fueran portátiles y que fueran baratos. Un objeto que no fuera oneroso, ni lujoso. Un poco con un espíritu guajiro de democratización de la cultura. En el caso de la colección “Versus”, yo creo que se fue dando de manera espontánea, la brevedad, por lo que nos interesaba, sobre todo, era la diatriba, el espíritu contestario, decir “parece que no hay disenso, que todo está bien”, y no, en realidad todo mundo tiene una opinión en contra. Y la naturaleza misma de la diatriba es la brevedad. Si tratas de argumentar en contra de algo y haces un tratado obeso se pierde la fuerza del mismo género. Tienes que ser contundente para pelear en contra de algo. Y queríamos, además, que tuviera una estética de fanzine, un fanzine –quizá por el in–, rechaza lo voluminoso.
VA: También habría qué decir que nosotros como escritores, como editores, somos aficionados al ensayo corto, al ensayo inglés, al personal essay, y una de las razones que hay detrás, la apuesta central de la editorial es ocuparnos de esos géneros que las grandes corporaciones desdeñan porque son poco rentables, entre ellas, el ensayo; es decir, el ensayo personal, el ensayo corto, el ensayo que apuesta por una visión arriesgada, pero no este ensayo, falsamente ensayo¬, que en realidad son como artículos o libros coyunturales sobre temas de política, que se ocupan de lo que está en el aire, lo que va a vender, lo que tiene un consumo inmediato, lo que los gringos llaman nonfiction prose. Y entonces, además de la colección de ensayo que se llama Derivas” justamente la colección Versus era como el lugar perfecto para hacer circular buenos ensayos breves (por ejemplo, el de Lopate), de escritores que se consideran así mismo ensayistas sin sentirse avergonzados, porque hoy todo mundo quiere ser narrador o novelista. Nos parecía muy importante darle un espacio privilegiado, visible, notorio al ensayo, y al ensayo corto. Por otro lado, no sé si fue algo planeado conscientemente, pero frente a la gran crisis económica (que se veía venir desde hace mucho tiempo), nos parecía importante que los libros no fueran tan caros. Tan onerosos.
Originalmente habíamos pensado en hacer una antología de ensayos “en contra”, y de pronto, en una iluminación, decidimos partirlo y mejor sacar fascículos y breves libros. Y la verdad es que ha funcionado muy bien. Los lectores eso lo encuentran atractivo, esa brevedad, ese carácter portátil, ese poder leerlo en el transporte público. También tenía ese carácter disidente del panfleto que puede circular en las calles de mano en mano.
SH: A propósito de “democratización” y de la colección Versus, me interesa mucho Contra el copyright. Me parece una ,otra, declaración de principios. Me gusta que hayan incluido a Wu Ming, y celebro la congruencia del proyecto, del libro, por circular libremente en el BLOG de Tumbona. […]
LA: Estamos viviendo una época muy extraña gracias a la “reproductibilidad técnica”. La capacidad de copiar ha cambiado nuestra relación con la música, con la literatura, con el cine, y estamos en un punto de quiebre, en que se va a definir mucho. El punto en el que estamos es: todos estamos haciendo cosas ilegales, todos somos piratas. Puede ser que, dadas las leyes actuales, se llegue a la conclusión de que todos somos delincuentes, criminales y que, entonces, las medidas de control del copyright se endurezcan cada vez más y cada vez más, hasta que lleguemos a este mundo de ciencia ficción que retrata Richard Stallman en su cuento que publicamos en Contra el copyright: un mundo en donde todo está legislado en el mundo cibernético. La otra posibilidad es que esa misma abundancia de ilegalidad, entre comillas, sea tan grande que vuelva ridícula la necesidad de legislar. Wu Ming lo llama el “maremoto”: es tal la cantidad de descargas, es tal la cantidad de intercambio cultural que se da gracias a este poder de copia, que estamos en un maremoto y nadie lo va a parar.
WM1: “Sus Señorías no se dan cuenta de que, bajo la superficie de este mar en el que ellos sólo ven piratas y barcos de guerra, el fondo ya se ha colapsado. Y también en la izquierda, los que no quieren agudizar la vista y los oídos y proponen soluciones a destiempo, de ‘reformismo’ pávido (disminuir el IVA en el precio de los CDs, por ejemplo), podrían darse cuenta demasiado tarde del maremoto y ser arrastrados por la ola.” *
LA: Está la disyuntiva: o se busca poner más controles, o se busca una alternativa para que este maremoto sea lo que ya es: una posibilidad de intercambio.
VA: “¿Qué es la cultura si no una forma de tráfico permanente, de pequeños hurtos, de ideas tomadas aquí y allá, de regalos y piraterías?” *
LA: La situación que vivimos en la actualidad es muy crítica, porque en muchos lados se está tendiendo a poner más candados. Lo que nos interesó en este libro era hacer una distinción entre el copyright, que es el derecho de copiar, y el “derecho de autor” que es, digamos, la remuneración que el autor espera recibir por lo que hizo. Entonces, si mantenemos clara esta distinción, es evidente que mucha de la discusión actual en realidad no tiene que ver no con si se le va a pagar al autor, sino si las grandes corporaciones del entretenimiento (que muchas veces suelen ser, además, las que te venden los aparatos para copiar) son las más interesadas en que no se hagan copias. El problema está en las grandes corporaciones. A nosotros nos pareció importante criticar el copyright defendiendo el “derecho de autor”. Ahora mismo, en Brasil se está proponiendo la que es considerada la ley más progresista de derechos de autor. Lo que están haciendo es decir: tenemos que hacer que las grandes corporaciones le paguen más a los autores.
WM1: “En realidad, en el ámbito editorial, cuanto más circula una obra, más vende.” *
LA: ¿Para qué criminalizar a la gente que está copiando cosas si en última instancia el hecho de que haya más circulación implica más ventas? Eso es algo que tiene claro Wu Ming. Mientras más descargas y más circulación, más ventas del objeto. Se está buscando que el derecho de hacer una copia sea, por fin, un derecho. Ahora no lo es. Nos preocupa la situación actual que se vive con respecto a eso.
El espíritu de la editorial surgió en contra de las grandes corporaciones editoriales, para las cuales el libro es una mercancía, y el autor es una celebridad, a cuyo nombre van a vender mas ejemplares. En esa lógica está también el copyright. Entonces, ¿cómo hacer una editorial que está en contra de los principios capitalistas y a la vez se tiene que meter al mercado para sobrevivir? Es, digamos, nuestro dilema y la esquizofrenia en la que vivimos permanentemente.
SH: Sí, pero si no entras al mercado quedas aislado. […]
LA: Si haces libros para que nadie los lea, ¿cuál es el sentido? Sería un onanismo sin sentido.
VA: Para resolver este dilema (que es un dilema de todos los días), hemos optado por movernos en dos pistas simultáneamente; es decir, no creemos en esa marginalidad estéril en la que desapareces después de un año, porque es un despropósito hacer una editorial para tener los libros embodegados, al fin de cuentas lo que nos importa es que lleguen a los lectores. Entonces, optamos por movernos en el circuito convencional del mercado, aceptar esas reglas del juego (que son bastante caciques e injustas, sobre todo por los monopolios de las librerías, los porcentajes elevadísimos que se llevan los distribuidores y los libreros, el mal trato que le dan a las pequeñas editoriales), pero aun así hemos logrado, con el tiempo, que reconozcan y le den un espacio a la editorial. Y por otro, nos hemos movido en un circuito que hemos llamado “alternativo” que consiste en hacer ventas directas, ventas nocturnas, con mezcal, en donde se conversa con los lectores, en donde se regatea, lo tratas de convencer, le hablas del resto de la colección, en fin, pones tus dotes de mercachifle, de marchante. Los pones a flote. Pero, por otro lado, nos interesa poner en circulación ideas y discusiones que en México no se han tenido y que se tienen en este momento en muchísimos otros lugares del mundo, como en España, como en Brasil, que es esta discusión central alrededor de la “propiedad intelectual”, los “derechos de autor”, el copyright y demás. Nos parece muy preocupante que en México, que los mismos editores ignoren la diferencia entre “derecho de autor” y copyright, se manifiesten a favor de todas las legislaciones desde muchos puntos de vista autoritarias alrededor del copyright, sin entender lo que está pasando. Había, también, un afán de poner en circulación esas ideas y que los autores mismos se informen, entiendan que es lo que se está defendiendo, nadie quiere atropellar los derechos del autor, que no reciba un legítimo dinero por su trabajo, sino cosas más graves: se está poniendo en peligro la circulación de la cultura, se está privatizando, se están amenazando los “derechos del lector”. Si tú abres cualquier página de Random House1 dice que no sólo no puedes fotocopiar, reproducir, sino que no puedes prestarlo, lo cual implica la desaparición de la biblioteca pública, lo cual implica la cancelación de una democracia real en términos culturales. Hay muchísimos lugares en este país en donde no hay libros en las casa, y la única relación posible que puede haber con los libros son las bibliotecas públicas. Si se cancela esa posibilidad, se cancela la generación de nuevos lectores. Es muy grave esa cláusula, que es el tipo de extremos a los que está llegando la legislación actual. Hay autores contraculturales que publican en Random House y ni siquiera se han enterado que ahí viene una leyenda de ese tipo.
LA: Todas las legislaciones están destinadas a fortalecer los “derechos de autor”, del copyright, como si no hubiera “derechos del lector”, del usuario, del software, etc. Yo lo he planteado así: en la Declaración de los Derechos Humanos el derecho a la cultura es un derecho fundamental. Bueno, en México se incorporó en abril [2009], pero está en la declaración de los derechos humanos incluso antes de los “derechos de autor”. Es primero el “derecho a la cultura” y después el “derecho de autor”. Lo extraño es, y lo que nos parece perverso, que toda la discusión se centre en como fortalecer el “derecho de autor” y no haya nada, o muy poco, para fortalecer el “derecho a la cultura”. Esa leyendo que está en los libros de Random House es ilegal en México, eso pede funcionar en Estados Unidos, en México no puedes prohibir el préstamo público. Están atentando contra el “derecho del lector” a poder acercarse a un libro en préstamo público. Y eso, digamos, es un ejemplo en miles; si estamos hablando en el ciberespacio, si quieres acceder a un libro que no está en librerías, ¿por qué no lo vas a leer? ¿por qué no lo vas a descargar? Es ridículo que haya sanciones. En contra de este clima, dijimos esa una discusión que aquí no se está dando, y a ver si propiciamos un poco que se de.
VA. Aquí, el mes pasado, se reunieron todos los miembros internacionales que están haciendo esta gran legislación internacional que se llama ACTA, en contra de la descarga, que ellos llaman ilegal. Se hizo en Guadalajara, en secreto. Justamente, si esa legislación se aprueba vamos a llegar a los extremos de que van a monitorear tus attachments, incluso violando derechos de privacidad, de libertad de expresión. En fin, se vuelve una cosa muy fascista, se atropellan no sólo los “derechos del lector”, se atropellan muchísimos más, se pasa por encima de cosas superadas ya hace siglos. Es una discusión fundamental y creo que aun no se entiende la gravedad del tema.
SH. En un texto que publicaste en Metapolítica. hablas de su estancia en Argentina, de su sorpresa porque encontraron buen cine nacional. Pienso, entonces, en las políticas públicas de otros países que “protegen” sus productos culturales, su “producción simbólica”, y pienso, por supuesto, en las políticas públicas mexicanas que parecen desatenderla. […]
VA: ¿Por qué había buen cine argentino en medio de la crisis? Porque había cines que proyectaban cine argentino, porque a los distribuidores les interesaba el cine argentino. En México, la visión de la empresa privada es tan estrecha, o más, que la del Estado, en relación con la cultura. Es decir, si no es rentable no se pasa, no circula. Vivimos bajo el imperio del mercado, esa es la ley que rige la circulación de la cultura y, evidentemente, los objetos culturales son objetos singulares, distintos, que no son salchichones, no son licuadoras, que tienen una relación temporal distinta. No son objetos de consumo comunes y corrientes. Tienen una singularidad que no entiende el Estado, que no entiende la empresa privada. Por eso son importantes y por eso hay un movimiento global tan numeroso de editores independientes, porque entienden que de otra manera la cultura se asfixia. Porque la cultura funciona de otra manera. Eso por un lado. Por otro lado tendría que haber un apoyo más claro, evidente, del Estado hacia la cultura. No subsidiando, no regalando, generando los espacios para que la cultura circule: propiciando que haya más librerías, propiciando que haya más bibliotecas. No hay una infraestructura que la haga vivir por sí sola, y sólo se dan placebos y bequitas para que la cosa no estalle, para que no se mueran de hambre miles de artistas.
LA: A mí me parece ridículo, en general, todas las políticas públicas que hay con respecto a la cultura. Por ejemplo: el tiempo después de la muerte de un autor en que la obra entra en el dominio público en México es una de las más largas del mundo, son 100 años. Eso –en apariencia– es benéfico. Parece. Así lo promueven. En realidad lo que está atentando es contra la difusión de la cultura, porque entonces, si los parientes, los bisnietos de Rulfo son codiciosos y quieren sacar mucho dinero, esos libros no van a circular. El Estado se siente muy orgulloso de sus leyes, cuando no se dan cuenta que lo que están haciendo es paralizar la cultura. ¿Qué debería hacer –según yo– el Estado para que realmente haya difusión y se proteja la cultura nacional? Según yo debería empezar por digitalizar todo lo que está en el dominio público. Que sea una función del Estado. Ahora que está lo del “Bicentenario”, por ejemplo, que todas las partituras del s.XIX estén disponibles. Y así con dibujos, códices, obras literarias. La manera de hacer que la cultura sea fuerte es que la gente pueda acceder a ella, no restringiendo el acceso. Me parece que la primera medida sería que esos 100 años se redujeran a 50. Por ejemplo, el Partido Pirata sueco propone que sean 5 años, que ya es un poco excesivo. Pero bueno, 100 años es paralizar las obras, dejar que algo que tiene un valor cultural más allá de lo meramente comercial quede en manos de la codicia.
JL: “Y las obras de arte existen simultáneamente en donde economías, una economía de mercado y una economía de regalo. La diferencia principal entre el intercambio de mercancías y el de regalos es que los regalos establecen un lazo sentimental entre dos personas, mientras que la venta de mercancía no necesariamente establece conexión alguna.” 2
SH: Hace tiempo, Tryno Maldonado me explicó como sucedió la publicación de Los cullpables, de Juan Villoro, publicada en Almadía y paralelamente en Anagrama. (O viceversa.) Me parece interesante que se hayan repartido los derechos. No entiendo, sin embargo, cómo funciona la industria editorial, ¿por qué los autores deben ir o publicar primero en España? ¿por qué son tan caros los libros en México? ¿Cómo funciona la industria editorial?
VA: Funciona mal. No funciona. La industria editorial mexicana –que fue importante y sólida y una referencia cultural en otros países en los 70–, se vino abajo en los últimos 15 años, y entonces hubo una nueva invasión editorial española. Y no sólo fueron quebrando las pequeñas editoriales que publicaban a autores mexicanos, sino que España se convirtió en una especie de aduana para que los escritores pudieran ser leídos en otros lugares y no sólo en México. Pero sólo ilusoriamente, porque en el fondo no sucede eso. Salvo el caso de Anagrama. Sobre todo con las grandes corporaciones no sucede. ¿Y qué es lo que piensan los autores? Sí a mi me publican en España es más fácil que me lea un argentino, que me lea un uruguayo, que si me publica aquí Tumbona Ediciones. Una de las grandes aspiraciones del escritor mexicano de las últimas décadas ha sido ser publicado en España, y hacen todo lo posible. Hay peregrinaciones a Barcelona para ser publicados allá. Es legítimo que un escritor quiera ser leído por otros. El problema es que no se ha creado en México una industria editorial que pueda competir con eso. Y que le pueda permitir a un autor ser leído en otros lados, porque los circuitos no están creados, es muy caro exportar, las aduanas son una lata. En fin. Una de las discusiones que tenemos los editores independientes es cómo crear esos nuevos circuitos para que también nuestros libros circulen allá. A nosotros nos llegan muchos mails de Chile, Argentina, España, porque saben de los libros por la red, pero los libros físicamente no llegan.
LA: Estuvimos en la India hace dos años. Hay un panorama de mucha efervescencia de editoriales en al India. Platicando con algunos de ellos nos decían que el fenómeno es exactamente el mismo con respecto a Inglaterra. Si tú escribes en Calcuta, para tener lectores debes escribir en inglés, pero para que te lean en la India tienes que haber publicado en Inglaterra, porque si no, no tienes visibilidad. Pasa exactamente lo mismo. Quizá es un rezago colonialista, o poscolonialista extraño, pero en realidad lo paradójico y un tanto patético de esto es que el hecho de publicar en un gran consorcio español no te garantiza que vas a ser leído en Guatemala, porque los libros no llegan tampoco. Si tu publicas tu libro en Alfaguara Argentina, en Buenos Aires, lo más seguro es que ese libro circule en Argentina, no en España, no en México. Lo que han hecho estos grandes consorcios es crear sucursales para el mercado local pero esa ilusión de globalidad es una quimera. Salvo que seas un autor de grandes ventas.
VA: Y es paradójico que tengas que viajar como en el s. XIX para conseguir libros. Cuando es algo que se había superado en los años 70. Aquí se encontraban todos los libros de los autores latinoamericanos.
SH: ¿Han pensado publicar libros para niños?
LA: Hemos pensado que ya que se llama la Tumbona, podría ser el Bambineto, o algo así. Sí hemos coqueteado con la idea, sobre todo porque los libros para niños pueden ser muy creativos. Es un campo abierto, también es un campo muy competido, y si lo sabes hacer puedes ganar dinero. Es celebre la anécdota en que cuando estaba Goldie en el Fondo de Cultura Económica, dirigiendo la colección de niños, la literatura infantil subvencionaba todas las ediciones del Fondo de Cultura para adultos. Es cierto, es un mercado muy fuerte.
Hacer libros para niños es caro, porque tienes que meter mucho color, popups. Para que sean atractivos. O les metes mucha imaginación o son también caros.
VA: Es un universo en sí mismo muy complejo.
LA: Tiene su lógica, sus leyes, su lenguaje. Sería improvisar demasiado. Hay una apogeo del libro infantil. Incluso a nivel de escritores. Ha dejado de ser una aberración escribir para niños. Se empieza a crear una tradición de escritores para niños y no suena como a una impostura. En otro países –en Inglaterra, por ejemplo–, la tradición de literatura infantil es fuertísima: si tienes a Lewis Carrol a Jonathan Swift detrás, no te suena descabellado escribir un libro para niños. De hecho, cualquier poeta contemporáneo tiene su libro o pares de libros para niños. Aquí, eso era impensable hasta antes de Pancho Hinojosa, ¿quién hacía libros para niños? Nadie. No había esa tradición y se está empezando a crear, entonces, eso es un campo abierto de mucha ebullición, de mucho fracaso, también, que están lleno de didactismo, de buenas intenciones, de moralina y demás porque es una tradición muy incipiente. Pero es un campo muy rico. Y claro que se nos antoja pero rebasa nuestras posibilidades.
SH: ¿Les interesa la idea de “generación” en la literatura? ¿Los escritores jóvenes? ¿Cuáles han sido sus criterios editoriales para la publicación de autores mexicanos?
LA: Hemos buscado que haya un equilibrio entre autores jóvenes, contemporáneos, autores vivos, y rescates de otros siglos, de autores de otras épocas, de otras literaturas. Queremos que haya un equilibrio, que no sea una editorial de exquisiteces arcaicas, de cosas del sótano, sino traer cosas al presente que nos gustan, que nos parece importante que se vuelvan a publicar, pero también equilibrada con apuestas. Apostar por jóvenes, por nuevas maneras de escribir, por gente que dados los criterios comerciales no tiene posibilidad de publicar sus cosas. Si esa no es la apuesta de una editorial independiente pues no tiene sentido tener una editorial independiente. Tienes que arriesgar.
VA: Aunque hay que decirlo: los autores jóvenes que están cerca de los 40, como tú (Luigi) y como yo tienen aspiraciones de otra índole. Me ha sucedido mucho, invitar a escritores más o menos contemporáneos míos que quieren publicar en Anagrama o en Tusquets, que quieren dar el salto en grande. A lo mejor nos mandan los libros de ensayo, los libros que no les van a aceptar en otras editoriales. Aquí está, hay hospitalidad para esos géneros. Pero nos ha costado más trabajo en narrativa, en esos géneros en donde es mucho más prestigioso publicar en Anagrama o en cualquier otra editorial española.
RL: “Yo puedo declarar mi impaciencia: me desespera que muchos, sin duda la mayoría, de los autores de mi generación se propongan escribir libros que funcionen cuando es posible escribir obras que rasguen o exasperen o asombren o desorienten o fracasen brillantemente.” *
SH: Hace poco escuché decir a Fernando Lobo: editorial independiente, Mondadori. Hace lo que quiere […]
VA: No hace lo quiere, hace lo que le exige el mercado. Esa es la diferencia.
LA: Nuestra última conclusión con respeto a independencia ha sido: independencia frente a los parámetros comerciales que imperan, a la lógica comercial tanto en la elección de autores, de nombres, tipo de género, títulos. Esa para nosotros es la independencia. Hay gente que critica: ¿cómo pueden ser independientes si hacen una coedición con el Estado? La independencia con respecto al Estado tenía sentido cuando estaba Franco en España, cuando estaba Díaz Ordaz en México. Ahí tenía sentido. Ahora, si te puedes aliar con el Estado para hacer libros que valen la pena, nos parece bien. Dado los estándares –a veces errados– de la comercialización del libros, no entrarían en el esquema de un editor consagrado. Esa es para nosotros la definición última de independencia.
VA: Además es su obligación [del Estado]. Hablábamos de la obligación del Estado para crear el terreno en donde se desarrolle la cultura, circule. Hacer coediciones con el Estado no significa publicar Las memorias de Martita. No es entrar en complicidad con el Estado. Es recibir dinero de fondos públicos que vienen de los impuestos que ,además, por ley, el Estado debe asignar una cantidad de su presupuesto –siempre ha designado menos y ahora hay un recorte importante– para la cultura.
SH: A propósito del culto a la personalidad, recuerdo que José de la Colina escribió que no le gustan las entrevistas porque son un texto que él escribe y que otro cobra. ¿A ustedes les gustan las entrevistas?
VA: No. Los primeros años sufrimos mucho. Trabajamos con una chava que es una conocedora de la prensa, de cómo mover una editorial en México, es la representante de Anagrama en México: Paola Tinoco: tiene mucho colmillo y nos parecía importante que para no vivir en el ostracismo, y porque estábamos haciendo libros con mucho rigor, con muchas ideas detrás, que no era un capricho la editorial, pues no valía la pena que se quedaran guardados, que no estuvieran en las librerías. Tomamos la decisión de entrar a las reglas absurdas en las que vive hoy el mercado editorial, entre las cuáles está la difusión de novedades; es decir, para que un librero te acepte una novedad, debes llevarle un dossier de prensa, en donde demuestres que tu libro ha sido difundido y que lo van a comprar. Casi te rentan el espacio de la librería. Y de hecho, la rotación de novedades (como se llama esa ridícula ley del mercado) es casi como la rotación de los lácteos, después de cierta fecha son objetos caducos, cuando un libro tiene una vida temporal infinitamente más lenta. Pueden pasar décadas para que un escritor encuentre a sus verdaderos lectores, para que tenga reconocimiento. Las influencias en literatura pasan a veces de una generación a otra, de un siglo a otro. Se pueden releer. Se releyó a Cervantes en cierta época y se le dio una lectura distinta. Las lecturas son muy lentas. Tienen procesos muy distintos a los del mercado. La lógica de las “novedades” mata la vida de un libro con mucha anticipación. Pero ni modo, esas son las reglas del juego. Nuestra idea es aceptar las reglas del juego mientras discutimos la posibilidad de crear nuevas reglas. Esas nuevas las creamos en complicidad con otras personas, como las librerías independientes. Hemos hablado de la necesidad de una red de librerías independientes. Vamos viviendo en esa esquizofrenia, por una lado disidente, y por otro, atrapado en las reglas del sistema.
SH: El año pasado sentí la vitalidad de la colección Versus. ¿Van a seguir trabajando con ésta? ¿Van a inyectarle más a otra colección?
LA: Va a seguir la colección Versus. Vamos a hacer el número 13. Cuando sacamos la colección nos propusimos hacer uno mensual. Tampoco lo cumplimos mucho, pero la idea es hacer tres o cuatro al año. Pero en realidad lo que más nos interesa es la colección dedicada al ensayo, la colección Derivas. Publicar, por lo menos, tres títulos este año, de ensayo, lo que llamamos el ensayo-ensayo, ensayo personal, no estudios, no tratados académicos, ensayos en donde esté de por medio la imaginación y la personalidad del autor y también nos interesa mucho la parte de narrativa breve de la colección Prosas fugitivas.
VA: Revitalizarla [la colección Prosas fugitivas]. Al principio, imaginar las colecciones fue uno de los momentos más emocionantes, más creativos de la editorial pero sostenerlas no es tan fácil.
LA: Esa es la idea, darle a la narrativa y al ensayo. Y también estamos pensando en hacer una colección Versus pero de fotografía. Libros de pequeño formato, como fanzine, pero de ensayo fotográfico.
VA: Queremos sacar un libro de Luis Ignacio Helguera.
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RB: “¡Se podría hacer un libro hermoso con todo lo que ignora! Vaya a instruirse, mi querido provinciano.” 3
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1 Queda rigurosamente prohibida, sin autorización escrita de los titulares del “Copyright”, bajo las sanciones establecidas por las leyes, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía, el tratamiento informático, así como la distirbución de ejemplares de la misma mediante alquiler o préstamos públicos.
2 Contra la originalidad, de Jonathan Lethem. Tumbona Ediciones.
3 El espectador nocturno. Selección de Las noches de París, de Rétif de la Bretonne.
—Saúl Hernández
En una tumbona de 2 plazas. Entrevista a Vivian Abenshushan y Luigi Amara.
En el 2005, aburridos de leer libros solemnes y plomizos, de ver como la industria editorial (mexicana) doblaba, dobla, las manos frente al mercado, Vivian Abenshushan y Luigi Amara fundaron Tumbona Ediciones. Su proposito: crear libros lúdicos, explosivos, y knockouts. Para no extender más esta introducción y hacerla, precisamente, plomiza y solemne, los dejo, pues, con/en la Tumbona.
LA: “¿Por qué hacer una editorial y contribuir a esa montaña de libros?” *
SH: Si ya se contribuyó a esa montaña de libros, ¿qué hacer para que ésta se mueva, para que no esté inmóvil, monolítica?
LA: Nosotros hemos apelado a la imaginación, justamente porque carecemos de dinero para hacer los libros, para promoverlos, para difundirlos. Nos parece que la industria del libro está viciada en casi todos los aspectos por el sesgo comercial; entonces, digamos, es una paradoja, porque tampoco el libro puede prescindir de un circuito comercial. Hemos intentado que las presentaciones de los libros sean diferentes, las hemos hecho con videos, con videos satíricos, que los libros se encuentren en otros lugares que no son las librerías, que la gente se los tope en lugares imprevistos. Sabemos que mucha gente no entra a las librerías. Si quieres que los libros lleguen a los lectores, tienes que sacarlos de ahí. Ver de qué manera hacer del libro un objeto no serio, no impositivo, no un deber. Las campañas a favor de la lectura tienen ese sesgo moralino, bienpensante: “es bueno leer”.
VA: “Aquí aprovecho para responder a una de las preguntas más frecuentes de nuestros lectores: ¿qué demonios es una tumbona?, ¿una veracruzana con caderas voluptuosas?, ¿una madriza?, ¿una banda de pueblo con retintín? Nada de eso. Tumbona es una silla extensible y articulada, que puede disponerse en forma de canapé, es decir, de forma cuasi horizontal, la posición perfecta para la lectura, la contemplación del paisaje o de uno mismo.” *
LA: Nos interesa que el libro y la lectura sea un objeto placentero de ver, de leer, de hojear, de tener. Pensando en el mundo digital, es un proyecto un poco arcaico en la medida en que todavía cree en el fetichismo del objeto libro.
SH: Quizá tiene ver con el juego, con el libro como un objeto lúdico. Me llama la atención que trabajen con flipbooks porque no conocía una editorial mexicana que se interesara en ellos. ¿Por qué incluyeron los flipbooks en su proyecto editorial?
VA: Nace con el tipo de personas que no reunimos en la editorial. La cooperativa la hicimos dos escritores y editores, pero además, parte fundamental del discurso de la editorial ha sido el discurso visual, el diseño. Y los diseñadores, Manuel y Cristián Cañibe, del taller gráfico Éramos Tantos, no son diseñadores que están al servicio nuestro, sino que son parte de la concepción, parte creativa de la editorial. Uno de ellos es diseñador gráfico y el otro es cineasta. Desde el principio hubo un diálogo muy claro y, además, a la larga ha sido muy fecundo con otras disciplinas, sobre todo, visuales. Simplemente nos gustan los flipbooks porque son objetos disfrutables, tienen una singularidad estética que no tienen otros libros. Y además son como libros anfibios: libros para ver, entre libro y cinematógrafo portátil.
Nosotros hicimos un viaje –esto creo que ya lo he contado ene mil veces¬– a Argentina, que fue crucial. Aunque ya teníamos ganas de hacer una editorial y ya teníamos hasta el nombre, sólo después de ese viaje a pasamos a la acción y empezamos a hacer la editorial. Y justo algo que nos sorprendió mucho en Argentina fue la diversidad que había en el formato mismo del libro, y en el trato más amistoso, lúdico, juguetón, antisolemne que había con el formato y con la literatura en términos generales. Había libros enlatados, había libros que parecían cartas, estaban muy cerca del libro objeto y de la poesía visual, y eso había hecho una evolución del libro argentino, y muchas de las editoriales independientes arriesgaban ese tipo de formatos. Entre ellos encontramos a una, La marca editora, con la que tenemos muchas afinidades, que tenía una colección de flipbooks estupenda, con momentos estéticos muy elevados, más ligada al cine (nosotros hemos trabajado más con animadores), pero muy buenos. Realmente contaban una pequeña historia dentro de ese formato. Nos gustaron mucho. Compramos mucho. Conocíamos los flipbooks porque se venden mucho en galerías, hay artistas que hacen flipbooks, pero ahí vimos su carácter popular, se vendían mucho y pensamos, quizá un poco ingenuamente, que iba a ser una de las colecciones que a la larga sostendrían a la Tumbona.
En algunos segundos de lucidez en la concepción editorial, supimos que si publicábamos sólo literatura era muy difícil que la cosa prosperara, por un lado; por otro, los diseñadores, que eran parte integral de la concepción de la editorial, también querían aportar parte de su discurso, y empezamos a apostar por estos libritos. Y en efecto, en México no había ninguna editorial que hiciera flipbooks. Han tenido una respuesta entusiasta de la gente, y de gente que no es lectora, también, porque llega a un público muy variado, que quizá entra a los libros por esa otra vía. Pero las librerías han sido reticentes al objeto, no lo entienden, creen que se lo van a robar. Hemos tenido que hacer una labor didáctica, he tenido que escribir ensayos en las revistas para que la gente conozca el género.
SH: Me parece curioso, pues los libros, los flipbooks, quizá por lo pequeños, son más amables. No son un mamotreto que da miedo. Me llama la atención que las librerías sean reticentes al género y al formato, pues el género y el formato sirven para familiarizar al público con el libro en tanto objeto. Me interesa, también, que frecuenten el texto corto, el formato de bolsillo, la brevedad. ¿Por qué no hacer una antología de ensayo en lugar de libros pequeños, breves, nómadas?
LA: No es que sea una consigna de la editorial, pero si hay ese perfil indiscutible. Por ejemplo, pensando en los flipbooks, en la era de YouTube ¿para qué hacer un libro impreso con estas animaciones? Justamente tiene esa convicción de que el libro , de que el papel todavía tiene un peso estético que no tiene la imagen digital. Por eso nos interesó, también, hacer el flipbook. Porque es como una declaración de principios sobre nuestro compromiso con el objeto libro. En cuanto a la brevedad… bueno, hay, por ejemplo, los libros que hemos sacado de arte, que tienen esta voluntad en contra de los coffee table books que, por lo menos a mí, en lo personal, me parece un lujo, una mamonería, un poco chocante hacer libros muy caros para los lectores equivocados. Digamos, la gente que va a comprar libros impresos en papel couché, con quién sabe cuántas tintas, van a ser las señoras ricas de Las Lomas, que las van a tener como una carta de presentación en las mesas de su casa, pero cuya función estética o ideológica –incluso– o subversiva o cualquier cosa que pudiera tener ese libro se va a agotar porque la gente al que iba dirigido no lo puede comprar. Entonces, en los libros de arte había la idea de hacer libros de bolsillo, que fueran portátiles y que fueran baratos. Un objeto que no fuera oneroso, ni lujoso. Un poco con un espíritu guajiro de democratización de la cultura. En el caso de la colección “Versus”, yo creo que se fue dando de manera espontánea, la brevedad, por lo que nos interesaba, sobre todo, era la diatriba, el espíritu contestario, decir “parece que no hay disenso, que todo está bien”, y no, en realidad todo mundo tiene una opinión en contra. Y la naturaleza misma de la diatriba es la brevedad. Si tratas de argumentar en contra de algo y haces un tratado obeso se pierde la fuerza del mismo género. Tienes que ser contundente para pelear en contra de algo. Y queríamos, además, que tuviera una estética de fanzine, un fanzine –quizá por el in–, rechaza lo voluminoso.
VA: También habría qué decir que nosotros como escritores, como editores, somos aficionados al ensayo corto, al ensayo inglés, al personal essay, y una de las razones que hay detrás, la apuesta central de la editorial es ocuparnos de esos géneros que las grandes corporaciones desdeñan porque son poco rentables, entre ellas, el ensayo; es decir, el ensayo personal, el ensayo corto, el ensayo que apuesta por una visión arriesgada, pero no este ensayo, falsamente ensayo¬, que en realidad son como artículos o libros coyunturales sobre temas de política, que se ocupan de lo que está en el aire, lo que va a vender, lo que tiene un consumo inmediato, lo que los gringos llaman nonfiction prose. Y entonces, además de la colección de ensayo que se llama Derivas” justamente la colección Versus era como el lugar perfecto para hacer circular buenos ensayos breves (por ejemplo, el de Lopate), de escritores que se consideran así mismo ensayistas sin sentirse avergonzados, porque hoy todo mundo quiere ser narrador o novelista. Nos parecía muy importante darle un espacio privilegiado, visible, notorio al ensayo, y al ensayo corto. Por otro lado, no sé si fue algo planeado conscientemente, pero frente a la gran crisis económica (que se veía venir desde hace mucho tiempo), nos parecía importante que los libros no fueran tan caros. Tan onerosos.
Originalmente habíamos pensado en hacer una antología de ensayos “en contra”, y de pronto, en una iluminación, decidimos partirlo y mejor sacar fascículos y breves libros. Y la verdad es que ha funcionado muy bien. Los lectores eso lo encuentran atractivo, esa brevedad, ese carácter portátil, ese poder leerlo en el transporte público. También tenía ese carácter disidente del panfleto que puede circular en las calles de mano en mano.
SH: A propósito de “democratización” y de la colección Versus, me interesa mucho Contra el copyright. Me parece una ,otra, declaración de principios. Me gusta que hayan incluido a Wu Ming, y celebro la congruencia del proyecto, del libro, por circular libremente en el BLOG de Tumbona. […]
LA: Estamos viviendo una época muy extraña gracias a la “reproductibilidad técnica”. La capacidad de copiar ha cambiado nuestra relación con la música, con la literatura, con el cine, y estamos en un punto de quiebre, en que se va a definir mucho. El punto en el que estamos es: todos estamos haciendo cosas ilegales, todos somos piratas. Puede ser que, dadas las leyes actuales, se llegue a la conclusión de que todos somos delincuentes, criminales y que, entonces, las medidas de control del copyright se endurezcan cada vez más y cada vez más, hasta que lleguemos a este mundo de ciencia ficción que retrata Richard Stallman en su cuento que publicamos en Contra el copyright: un mundo en donde todo está legislado en el mundo cibernético. La otra posibilidad es que esa misma abundancia de ilegalidad, entre comillas, sea tan grande que vuelva ridícula la necesidad de legislar. Wu Ming lo llama el “maremoto”: es tal la cantidad de descargas, es tal la cantidad de intercambio cultural que se da gracias a este poder de copia, que estamos en un maremoto y nadie lo va a parar.
WM1: “Sus Señorías no se dan cuenta de que, bajo la superficie de este mar en el que ellos sólo ven piratas y barcos de guerra, el fondo ya se ha colapsado. Y también en la izquierda, los que no quieren agudizar la vista y los oídos y proponen soluciones a destiempo, de ‘reformismo’ pávido (disminuir el IVA en el precio de los CDs, por ejemplo), podrían darse cuenta demasiado tarde del maremoto y ser arrastrados por la ola.” *
LA: Está la disyuntiva: o se busca poner más controles, o se busca una alternativa para que este maremoto sea lo que ya es: una posibilidad de intercambio.
VA: “¿Qué es la cultura si no una forma de tráfico permanente, de pequeños hurtos, de ideas tomadas aquí y allá, de regalos y piraterías?” *
LA: La situación que vivimos en la actualidad es muy crítica, porque en muchos lados se está tendiendo a poner más candados. Lo que nos interesó en este libro era hacer una distinción entre el copyright, que es el derecho de copiar, y el “derecho de autor” que es, digamos, la remuneración que el autor espera recibir por lo que hizo. Entonces, si mantenemos clara esta distinción, es evidente que mucha de la discusión actual en realidad no tiene que ver no con si se le va a pagar al autor, sino si las grandes corporaciones del entretenimiento (que muchas veces suelen ser, además, las que te venden los aparatos para copiar) son las más interesadas en que no se hagan copias. El problema está en las grandes corporaciones. A nosotros nos pareció importante criticar el copyright defendiendo el “derecho de autor”. Ahora mismo, en Brasil se está proponiendo la que es considerada la ley más progresista de derechos de autor. Lo que están haciendo es decir: tenemos que hacer que las grandes corporaciones le paguen más a los autores.
WM1: “En realidad, en el ámbito editorial, cuanto más circula una obra, más vende.” *
LA: ¿Para qué criminalizar a la gente que está copiando cosas si en última instancia el hecho de que haya más circulación implica más ventas? Eso es algo que tiene claro Wu Ming. Mientras más descargas y más circulación, más ventas del objeto. Se está buscando que el derecho de hacer una copia sea, por fin, un derecho. Ahora no lo es. Nos preocupa la situación actual que se vive con respecto a eso.
El espíritu de la editorial surgió en contra de las grandes corporaciones editoriales, para las cuales el libro es una mercancía, y el autor es una celebridad, a cuyo nombre van a vender mas ejemplares. En esa lógica está también el copyright. Entonces, ¿cómo hacer una editorial que está en contra de los principios capitalistas y a la vez se tiene que meter al mercado para sobrevivir? Es, digamos, nuestro dilema y la esquizofrenia en la que vivimos permanentemente.
SH: Sí, pero si no entras al mercado quedas aislado. […]
LA: Si haces libros para que nadie los lea, ¿cuál es el sentido? Sería un onanismo sin sentido.
VA: Para resolver este dilema (que es un dilema de todos los días), hemos optado por movernos en dos pistas simultáneamente; es decir, no creemos en esa marginalidad estéril en la que desapareces después de un año, porque es un despropósito hacer una editorial para tener los libros embodegados, al fin de cuentas lo que nos importa es que lleguen a los lectores. Entonces, optamos por movernos en el circuito convencional del mercado, aceptar esas reglas del juego (que son bastante caciques e injustas, sobre todo por los monopolios de las librerías, los porcentajes elevadísimos que se llevan los distribuidores y los libreros, el mal trato que le dan a las pequeñas editoriales), pero aun así hemos logrado, con el tiempo, que reconozcan y le den un espacio a la editorial. Y por otro, nos hemos movido en un circuito que hemos llamado “alternativo” que consiste en hacer ventas directas, ventas nocturnas, con mezcal, en donde se conversa con los lectores, en donde se regatea, lo tratas de convencer, le hablas del resto de la colección, en fin, pones tus dotes de mercachifle, de marchante. Los pones a flote. Pero, por otro lado, nos interesa poner en circulación ideas y discusiones que en México no se han tenido y que se tienen en este momento en muchísimos otros lugares del mundo, como en España, como en Brasil, que es esta discusión central alrededor de la “propiedad intelectual”, los “derechos de autor”, el copyright y demás. Nos parece muy preocupante que en México, que los mismos editores ignoren la diferencia entre “derecho de autor” y copyright, se manifiesten a favor de todas las legislaciones desde muchos puntos de vista autoritarias alrededor del copyright, sin entender lo que está pasando. Había, también, un afán de poner en circulación esas ideas y que los autores mismos se informen, entiendan que es lo que se está defendiendo, nadie quiere atropellar los derechos del autor, que no reciba un legítimo dinero por su trabajo, sino cosas más graves: se está poniendo en peligro la circulación de la cultura, se está privatizando, se están amenazando los “derechos del lector”. Si tú abres cualquier página de Random House1 dice que no sólo no puedes fotocopiar, reproducir, sino que no puedes prestarlo, lo cual implica la desaparición de la biblioteca pública, lo cual implica la cancelación de una democracia real en términos culturales. Hay muchísimos lugares en este país en donde no hay libros en las casa, y la única relación posible que puede haber con los libros son las bibliotecas públicas. Si se cancela esa posibilidad, se cancela la generación de nuevos lectores. Es muy grave esa cláusula, que es el tipo de extremos a los que está llegando la legislación actual. Hay autores contraculturales que publican en Random House y ni siquiera se han enterado que ahí viene una leyenda de ese tipo.
LA: Todas las legislaciones están destinadas a fortalecer los “derechos de autor”, del copyright, como si no hubiera “derechos del lector”, del usuario, del software, etc. Yo lo he planteado así: en la Declaración de los Derechos Humanos el derecho a la cultura es un derecho fundamental. Bueno, en México se incorporó en abril [2009], pero está en la declaración de los derechos humanos incluso antes de los “derechos de autor”. Es primero el “derecho a la cultura” y después el “derecho de autor”. Lo extraño es, y lo que nos parece perverso, que toda la discusión se centre en como fortalecer el “derecho de autor” y no haya nada, o muy poco, para fortalecer el “derecho a la cultura”. Esa leyendo que está en los libros de Random House es ilegal en México, eso pede funcionar en Estados Unidos, en México no puedes prohibir el préstamo público. Están atentando contra el “derecho del lector” a poder acercarse a un libro en préstamo público. Y eso, digamos, es un ejemplo en miles; si estamos hablando en el ciberespacio, si quieres acceder a un libro que no está en librerías, ¿por qué no lo vas a leer? ¿por qué no lo vas a descargar? Es ridículo que haya sanciones. En contra de este clima, dijimos esa una discusión que aquí no se está dando, y a ver si propiciamos un poco que se de.
VA. Aquí, el mes pasado, se reunieron todos los miembros internacionales que están haciendo esta gran legislación internacional que se llama ACTA, en contra de la descarga, que ellos llaman ilegal. Se hizo en Guadalajara, en secreto. Justamente, si esa legislación se aprueba vamos a llegar a los extremos de que van a monitorear tus attachments, incluso violando derechos de privacidad, de libertad de expresión. En fin, se vuelve una cosa muy fascista, se atropellan no sólo los “derechos del lector”, se atropellan muchísimos más, se pasa por encima de cosas superadas ya hace siglos. Es una discusión fundamental y creo que aun no se entiende la gravedad del tema.
SH. En un texto que publicaste en Metapolítica. hablas de su estancia en Argentina, de su sorpresa porque encontraron buen cine nacional. Pienso, entonces, en las políticas públicas de otros países que “protegen” sus productos culturales, su “producción simbólica”, y pienso, por supuesto, en las políticas públicas mexicanas que parecen desatenderla. […]
VA: ¿Por qué había buen cine argentino en medio de la crisis? Porque había cines que proyectaban cine argentino, porque a los distribuidores les interesaba el cine argentino. En México, la visión de la empresa privada es tan estrecha, o más, que la del Estado, en relación con la cultura. Es decir, si no es rentable no se pasa, no circula. Vivimos bajo el imperio del mercado, esa es la ley que rige la circulación de la cultura y, evidentemente, los objetos culturales son objetos singulares, distintos, que no son salchichones, no son licuadoras, que tienen una relación temporal distinta. No son objetos de consumo comunes y corrientes. Tienen una singularidad que no entiende el Estado, que no entiende la empresa privada. Por eso son importantes y por eso hay un movimiento global tan numeroso de editores independientes, porque entienden que de otra manera la cultura se asfixia. Porque la cultura funciona de otra manera. Eso por un lado. Por otro lado tendría que haber un apoyo más claro, evidente, del Estado hacia la cultura. No subsidiando, no regalando, generando los espacios para que la cultura circule: propiciando que haya más librerías, propiciando que haya más bibliotecas. No hay una infraestructura que la haga vivir por sí sola, y sólo se dan placebos y bequitas para que la cosa no estalle, para que no se mueran de hambre miles de artistas.
LA: A mí me parece ridículo, en general, todas las políticas públicas que hay con respecto a la cultura. Por ejemplo: el tiempo después de la muerte de un autor en que la obra entra en el dominio público en México es una de las más largas del mundo, son 100 años. Eso –en apariencia– es benéfico. Parece. Así lo promueven. En realidad lo que está atentando es contra la difusión de la cultura, porque entonces, si los parientes, los bisnietos de Rulfo son codiciosos y quieren sacar mucho dinero, esos libros no van a circular. El Estado se siente muy orgulloso de sus leyes, cuando no se dan cuenta que lo que están haciendo es paralizar la cultura. ¿Qué debería hacer –según yo– el Estado para que realmente haya difusión y se proteja la cultura nacional? Según yo debería empezar por digitalizar todo lo que está en el dominio público. Que sea una función del Estado. Ahora que está lo del “Bicentenario”, por ejemplo, que todas las partituras del s.XIX estén disponibles. Y así con dibujos, códices, obras literarias. La manera de hacer que la cultura sea fuerte es que la gente pueda acceder a ella, no restringiendo el acceso. Me parece que la primera medida sería que esos 100 años se redujeran a 50. Por ejemplo, el Partido Pirata sueco propone que sean 5 años, que ya es un poco excesivo. Pero bueno, 100 años es paralizar las obras, dejar que algo que tiene un valor cultural más allá de lo meramente comercial quede en manos de la codicia.
JL: “Y las obras de arte existen simultáneamente en donde economías, una economía de mercado y una economía de regalo. La diferencia principal entre el intercambio de mercancías y el de regalos es que los regalos establecen un lazo sentimental entre dos personas, mientras que la venta de mercancía no necesariamente establece conexión alguna.” 2
SH: Hace tiempo, Tryno Maldonado me explicó como sucedió la publicación de Los cullpables, de Juan Villoro, publicada en Almadía y paralelamente en Anagrama. (O viceversa.) Me parece interesante que se hayan repartido los derechos. No entiendo, sin embargo, cómo funciona la industria editorial, ¿por qué los autores deben ir o publicar primero en España? ¿por qué son tan caros los libros en México? ¿Cómo funciona la industria editorial?
VA: Funciona mal. No funciona. La industria editorial mexicana –que fue importante y sólida y una referencia cultural en otros países en los 70–, se vino abajo en los últimos 15 años, y entonces hubo una nueva invasión editorial española. Y no sólo fueron quebrando las pequeñas editoriales que publicaban a autores mexicanos, sino que España se convirtió en una especie de aduana para que los escritores pudieran ser leídos en otros lugares y no sólo en México. Pero sólo ilusoriamente, porque en el fondo no sucede eso. Salvo el caso de Anagrama. Sobre todo con las grandes corporaciones no sucede. ¿Y qué es lo que piensan los autores? Sí a mi me publican en España es más fácil que me lea un argentino, que me lea un uruguayo, que si me publica aquí Tumbona Ediciones. Una de las grandes aspiraciones del escritor mexicano de las últimas décadas ha sido ser publicado en España, y hacen todo lo posible. Hay peregrinaciones a Barcelona para ser publicados allá. Es legítimo que un escritor quiera ser leído por otros. El problema es que no se ha creado en México una industria editorial que pueda competir con eso. Y que le pueda permitir a un autor ser leído en otros lados, porque los circuitos no están creados, es muy caro exportar, las aduanas son una lata. En fin. Una de las discusiones que tenemos los editores independientes es cómo crear esos nuevos circuitos para que también nuestros libros circulen allá. A nosotros nos llegan muchos mails de Chile, Argentina, España, porque saben de los libros por la red, pero los libros físicamente no llegan.
LA: Estuvimos en la India hace dos años. Hay un panorama de mucha efervescencia de editoriales en al India. Platicando con algunos de ellos nos decían que el fenómeno es exactamente el mismo con respecto a Inglaterra. Si tú escribes en Calcuta, para tener lectores debes escribir en inglés, pero para que te lean en la India tienes que haber publicado en Inglaterra, porque si no, no tienes visibilidad. Pasa exactamente lo mismo. Quizá es un rezago colonialista, o poscolonialista extraño, pero en realidad lo paradójico y un tanto patético de esto es que el hecho de publicar en un gran consorcio español no te garantiza que vas a ser leído en Guatemala, porque los libros no llegan tampoco. Si tu publicas tu libro en Alfaguara Argentina, en Buenos Aires, lo más seguro es que ese libro circule en Argentina, no en España, no en México. Lo que han hecho estos grandes consorcios es crear sucursales para el mercado local pero esa ilusión de globalidad es una quimera. Salvo que seas un autor de grandes ventas.
VA: Y es paradójico que tengas que viajar como en el s. XIX para conseguir libros. Cuando es algo que se había superado en los años 70. Aquí se encontraban todos los libros de los autores latinoamericanos.
SH: ¿Han pensado publicar libros para niños?
LA: Hemos pensado que ya que se llama la Tumbona, podría ser el Bambineto, o algo así. Sí hemos coqueteado con la idea, sobre todo porque los libros para niños pueden ser muy creativos. Es un campo abierto, también es un campo muy competido, y si lo sabes hacer puedes ganar dinero. Es celebre la anécdota en que cuando estaba Goldie en el Fondo de Cultura Económica, dirigiendo la colección de niños, la literatura infantil subvencionaba todas las ediciones del Fondo de Cultura para adultos. Es cierto, es un mercado muy fuerte.
Hacer libros para niños es caro, porque tienes que meter mucho color, popups. Para que sean atractivos. O les metes mucha imaginación o son también caros.
VA: Es un universo en sí mismo muy complejo.
LA: Tiene su lógica, sus leyes, su lenguaje. Sería improvisar demasiado. Hay una apogeo del libro infantil. Incluso a nivel de escritores. Ha dejado de ser una aberración escribir para niños. Se empieza a crear una tradición de escritores para niños y no suena como a una impostura. En otro países –en Inglaterra, por ejemplo–, la tradición de literatura infantil es fuertísima: si tienes a Lewis Carrol a Jonathan Swift detrás, no te suena descabellado escribir un libro para niños. De hecho, cualquier poeta contemporáneo tiene su libro o pares de libros para niños. Aquí, eso era impensable hasta antes de Pancho Hinojosa, ¿quién hacía libros para niños? Nadie. No había esa tradición y se está empezando a crear, entonces, eso es un campo abierto de mucha ebullición, de mucho fracaso, también, que están lleno de didactismo, de buenas intenciones, de moralina y demás porque es una tradición muy incipiente. Pero es un campo muy rico. Y claro que se nos antoja pero rebasa nuestras posibilidades.
SH: ¿Les interesa la idea de “generación” en la literatura? ¿Los escritores jóvenes? ¿Cuáles han sido sus criterios editoriales para la publicación de autores mexicanos?
LA: Hemos buscado que haya un equilibrio entre autores jóvenes, contemporáneos, autores vivos, y rescates de otros siglos, de autores de otras épocas, de otras literaturas. Queremos que haya un equilibrio, que no sea una editorial de exquisiteces arcaicas, de cosas del sótano, sino traer cosas al presente que nos gustan, que nos parece importante que se vuelvan a publicar, pero también equilibrada con apuestas. Apostar por jóvenes, por nuevas maneras de escribir, por gente que dados los criterios comerciales no tiene posibilidad de publicar sus cosas. Si esa no es la apuesta de una editorial independiente pues no tiene sentido tener una editorial independiente. Tienes que arriesgar.
VA: Aunque hay que decirlo: los autores jóvenes que están cerca de los 40, como tú (Luigi) y como yo tienen aspiraciones de otra índole. Me ha sucedido mucho, invitar a escritores más o menos contemporáneos míos que quieren publicar en Anagrama o en Tusquets, que quieren dar el salto en grande. A lo mejor nos mandan los libros de ensayo, los libros que no les van a aceptar en otras editoriales. Aquí está, hay hospitalidad para esos géneros. Pero nos ha costado más trabajo en narrativa, en esos géneros en donde es mucho más prestigioso publicar en Anagrama o en cualquier otra editorial española.
RL: “Yo puedo declarar mi impaciencia: me desespera que muchos, sin duda la mayoría, de los autores de mi generación se propongan escribir libros que funcionen cuando es posible escribir obras que rasguen o exasperen o asombren o desorienten o fracasen brillantemente.” *
SH: Hace poco escuché decir a Fernando Lobo: editorial independiente, Mondadori. Hace lo que quiere […]
VA: No hace lo quiere, hace lo que le exige el mercado. Esa es la diferencia.
LA: Nuestra última conclusión con respeto a independencia ha sido: independencia frente a los parámetros comerciales que imperan, a la lógica comercial tanto en la elección de autores, de nombres, tipo de género, títulos. Esa para nosotros es la independencia. Hay gente que critica: ¿cómo pueden ser independientes si hacen una coedición con el Estado? La independencia con respecto al Estado tenía sentido cuando estaba Franco en España, cuando estaba Díaz Ordaz en México. Ahí tenía sentido. Ahora, si te puedes aliar con el Estado para hacer libros que valen la pena, nos parece bien. Dado los estándares –a veces errados– de la comercialización del libros, no entrarían en el esquema de un editor consagrado. Esa es para nosotros la definición última de independencia.
VA: Además es su obligación [del Estado]. Hablábamos de la obligación del Estado para crear el terreno en donde se desarrolle la cultura, circule. Hacer coediciones con el Estado no significa publicar Las memorias de Martita. No es entrar en complicidad con el Estado. Es recibir dinero de fondos públicos que vienen de los impuestos que ,además, por ley, el Estado debe asignar una cantidad de su presupuesto –siempre ha designado menos y ahora hay un recorte importante– para la cultura.
SH: A propósito del culto a la personalidad, recuerdo que José de la Colina escribió que no le gustan las entrevistas porque son un texto que él escribe y que otro cobra. ¿A ustedes les gustan las entrevistas?
VA: No. Los primeros años sufrimos mucho. Trabajamos con una chava que es una conocedora de la prensa, de cómo mover una editorial en México, es la representante de Anagrama en México: Paola Tinoco: tiene mucho colmillo y nos parecía importante que para no vivir en el ostracismo, y porque estábamos haciendo libros con mucho rigor, con muchas ideas detrás, que no era un capricho la editorial, pues no valía la pena que se quedaran guardados, que no estuvieran en las librerías. Tomamos la decisión de entrar a las reglas absurdas en las que vive hoy el mercado editorial, entre las cuáles está la difusión de novedades; es decir, para que un librero te acepte una novedad, debes llevarle un dossier de prensa, en donde demuestres que tu libro ha sido difundido y que lo van a comprar. Casi te rentan el espacio de la librería. Y de hecho, la rotación de novedades (como se llama esa ridícula ley del mercado) es casi como la rotación de los lácteos, después de cierta fecha son objetos caducos, cuando un libro tiene una vida temporal infinitamente más lenta. Pueden pasar décadas para que un escritor encuentre a sus verdaderos lectores, para que tenga reconocimiento. Las influencias en literatura pasan a veces de una generación a otra, de un siglo a otro. Se pueden releer. Se releyó a Cervantes en cierta época y se le dio una lectura distinta. Las lecturas son muy lentas. Tienen procesos muy distintos a los del mercado. La lógica de las “novedades” mata la vida de un libro con mucha anticipación. Pero ni modo, esas son las reglas del juego. Nuestra idea es aceptar las reglas del juego mientras discutimos la posibilidad de crear nuevas reglas. Esas nuevas las creamos en complicidad con otras personas, como las librerías independientes. Hemos hablado de la necesidad de una red de librerías independientes. Vamos viviendo en esa esquizofrenia, por una lado disidente, y por otro, atrapado en las reglas del sistema.
SH: El año pasado sentí la vitalidad de la colección Versus. ¿Van a seguir trabajando con ésta? ¿Van a inyectarle más a otra colección?
LA: Va a seguir la colección Versus. Vamos a hacer el número 13. Cuando sacamos la colección nos propusimos hacer uno mensual. Tampoco lo cumplimos mucho, pero la idea es hacer tres o cuatro al año. Pero en realidad lo que más nos interesa es la colección dedicada al ensayo, la colección Derivas. Publicar, por lo menos, tres títulos este año, de ensayo, lo que llamamos el ensayo-ensayo, ensayo personal, no estudios, no tratados académicos, ensayos en donde esté de por medio la imaginación y la personalidad del autor y también nos interesa mucho la parte de narrativa breve de la colección Prosas fugitivas.
VA: Revitalizarla [la colección Prosas fugitivas]. Al principio, imaginar las colecciones fue uno de los momentos más emocionantes, más creativos de la editorial pero sostenerlas no es tan fácil.
LA: Esa es la idea, darle a la narrativa y al ensayo. Y también estamos pensando en hacer una colección Versus pero de fotografía. Libros de pequeño formato, como fanzine, pero de ensayo fotográfico.
VA: Queremos sacar un libro de Luis Ignacio Helguera.
***
RB: “¡Se podría hacer un libro hermoso con todo lo que ignora! Vaya a instruirse, mi querido provinciano.” 3
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1 Queda rigurosamente prohibida, sin autorización escrita de los titulares del “Copyright”, bajo las sanciones establecidas por las leyes, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía, el tratamiento informático, así como la distirbución de ejemplares de la misma mediante alquiler o préstamos públicos.
2 Contra la originalidad, de Jonathan Lethem. Tumbona Ediciones.
3 El espectador nocturno. Selección de Las noches de París, de Rétif de la Bretonne.
—Saúl Hernández
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