Número 0. Entrevista a Pablo Raphael.
Uno de los asistentes a la presentación de Número 0, en la Feria del Libro de la ciudad de Oaxaca (noviembre de 2009), levantó la mano: (no recuerdo la pregunta, pero ésta hablaba del “reto” que supone publicar una revista que apenas tiene publicidad en sus páginas).
Pablo Raphael, uno de los editores de la revista, respondió con otra pregunta: (más o menos así iba su respuesta-pregunta) ¿y qué “reto” supone publicar una revista que utiliza una licencia de Creative Commons (es decir, una licencia que permite que el material allí antologado sea difundido libremente, siempre y cuando se respete el derecho moral de los autores, y sea utilizado sin fines de lucro)?
(La Feria del libro sucedió, por cierto, en noviembre de 2009.)
*
SH: Hace poco más de un año escuché decir a Nicolás Cabral (editor de La Tempestad) que las únicas revistas que viven de sus ventas son las de espectáculos. Es evidente. Las revistas de arte y literatura suelen relegar muchas de sus páginas a la publicidad, malquerida siempre pero, al fin y al cabo, necesaria. Llama mi atención que Número 0 sea una publicación muy limpia, con poca publicidad y, por si fuera poco, con una licencia de Creative Commons que, como ha de suponerse, permite la libre circulación del material allí publicado. ¿Por qué decidieron crear una revista de tales características?
PR: La única garantía que cualquier revista tiene para lograr su sobrevivencia a largo plazo es que ésta se venda. Atorarse o confiarse exclusivamente en la venta de publicidad la condena a la dependencia. Ahora bien, entendamos que vender no sólo se circunscribe al número de ejemplares que se distribuyen en librerías, tiendas o puestos de revistas. Verlo así sería parcial e inútil. En el caso de Número 0, nos proponemos romper el cerco de los puntos tradicionales de venta para llegar a los lectores utilizando otros mecanismos: las subscripciones (principalmente), el proyecto digital (que aún está en proceso de construcción) y la distribución de la revista en puntos no convencionales como lo podrían ser una carnicería, una tienda de ropa o una peluquería. No se trata de que el público nos llegue, sino de llegar a él, hasta su puerta, correo electrónico o lugar de esparcimiento ¿Por qué decidimos crear una revista pulcra, con poca publicidad y con licencia Creative Commons? Vamos por partes: editorialmente queríamos una revista donde el lector pudiera respirar, privilegiamos el texto sobre la imagen, pero también creemos que los espacios en blanco son una pausa que, como en la música, ayudan a construir la partitura y cuando van imágenes sólo van imágenes. La nuestra no es una revista de literatura cara, sino un libro de arte muy barato, un libro coleccionable que lo distingue de cualquier producto online. Por lo que toca a la publicidad, ésta es clave y es la segunda fuente de nuestros ingresos (la tercera es la edición de números especiales a petición) y ojalá aumente en los próximos números, siempre bajo el principio que dice: tanto texto como sea posible, tanta publicidad como sea necesaria. En la misma lógica está nuestra apuesta por el copy left. Una cosa es que los derechos de autor estén garantizados y otra cosa es que estos se vean circunscritos a una normativa que cancele eso que yo llamo “la oportunidad del conocimiento”. La costumbre suele convertirse en norma y las instituciones tradicionales no lo están mirando. Basta ver el rezago de la SOGEM en la materia o los abusos de la SGAE con los usuarios. En materia de derechos de autor hay piratas (que roban los derechos de los otros) y hay Corsarios (que roban los derechos de los otros con patentes de corso), estos últimos son los más peligrosos y frente a este modo de operar la norma Creative Commons no sólo es un arma, sino un mecanismo justo que lee el presente en su justa dimensión. No sólo se trata de garantizar derechos, sino también de que los contenidos se puedan compartir para democratizar el conocimiento.
SH: Me parece interesante su propuesta de distribución en lugares otros, en puntos no convencionales. Creo que puede ser buena estrategia de ventas y, quizá, de fomento a la lectura. ¿Articularían, además, otras estrategias de fomento a la lectura en estos puntos de venta? ¿Crees que podrían enfrentar algunos problemas (cierta reticencia, por ejemplo) en esos espacios, con esos posibles lectores?
PR: Desde Número 0 la estrategia de fomentar la lectura tiene varias ramas que están directamente relacionadas con los medios existentes y las condiciones objetivas. La más importante es la promoción de las subscripciones. Se trata de entablar un contacto directo con nuestros lectores, sin la mediación del distribuidor o el librero. La segunda corresponde al medio tradicional que es llegar a las librerías por medio de un distribuidor. La tercera corresponde a la construcción de una plataforma digital que nos permita alcanzar lectores. En esto vamos muy lentos, pero el eje para hacerlo se compondrá de la página web, el blog, las redes sociales, revista digital y la revista en versión vook. Esperamos tener la plataforma terminada al final del año. Por lo que toca a la última rama, esta consistirá en ir más allá de los circuitos tradicionales o electrónicos. Estamos viendo con hoteles, también se nos antojan las peluquerías, los consultorios, las galerías. Si como artista plástico se te ocurre algo, pues hagamos ese algo juntos. Por ejemplo, organizar una exposición relacionada con algún tema de la revista.
SH: Hace rato hablaste de democratización del conocimiento y, probablemente, mi siguiente pregunta tiene que ver con eso: ¿Cuáles han sido los criterios de selección de los autores?
PR: Sobre la democratización del conocimiento te diría lo siguiente: Así como pienso que la democracia electoral es sólo una parte de la democracia, la democratización del conocimiento no quiere decir que votemos a los autores, que hagamos consultas públicas sobre quienes deben publicar en la revista o cualquier cosa parecida a la democracia procedimental. Cuando hablo de la democratización del conocimiento, quiero decir que cualquier trabajo de creación pueda llegar a los lectores sin impedimentos que se esgriman en nombre del derecho autoral y que en realidad signifiquen un detrimento para que la información y el conocimiento fluyan. Nuestro modo de seleccionar autores tiene dos vías: Por invitación (como la revista es temática nos sentamos a pensar qué autores podrían estar interesados en escribir) y por anuncio: tanto en la página web como en cada espacio que nos es posible avisamos cuáles son los siguientes temas. Para este año serán patologías, juguetes y periferias. Cualquiera que quiera escribir puede hacernos llegar sus textos y el comité editorial se encargará de leerlos. Las únicas restricciones son el tema (restricción objetiva) y la calidad (restricción subjetiva) que califica un consejo editorial cuya experiencia respalda la calidad de su lectura.
SH: Claro, entiendo a qué te refieres con democratización del conocimiento. Mi pregunta –quizá, como si se tratara de una pataleta– se dirigía a otro lado: a la selección, por ejemplo, de autores jóvenes, de escritores que crean desde los márgenes. Estoy de acuerdo, democratización tiene que ver con “la oportunidad del conocimiento”. Ave Barrera –en la presentación del número dedicado a “Aventuras”– mencionó la palabra “entrepaños”. Pensé, entonces, en preguntar sobre esos entrepaños, esos espacios (autores, discusiones, géneros) periféricos.
PR: Por supuesto. Nos interesan autores que estén creando desde los márgenes. Además de suscribir el modelo autoral, de empeñarnos en tender puentes entre las distintas literaturas, estamos muy concientes de que las coordenadas son otras y que para consolidar las literaturas de América Latina tenemos que caminar de las periferias al centro, de las orillas a las antiguas capitales, del margen de lo interesante al centro del status quo. Somos parte de un fenómeno que se originó en México después de los sismos de 1985, donde el hipercentro hizo un nudo y la vida cultural se fue transformando poco a poco en un movimiento centrífugo. Por lo que a nuestro caso toca, te pongo un ejemplo. El cuento de Gonzalo Viñao, es de un autor que nunca ha publicado un libro, que tiene un blog y que vive en una provincia de Argentina, lejana a Buenos Aíres ¿Sabes cómo dimos con él? Lo seguí por recomendación de un amigo que vive en Guanajuato y que, a su vez, seguía sus status del facebook, que eran una suerte de minificciones. En fin, que la combinación entre la identidad local y la aspiración de conexiones globales por sonido, imagen, texto o carne, acaban por traducirse en colaboraciones. Y en este sentido, mi único temor es que Número 0 termine un día por perder interés, que se convierta en un asunto de edición mecánica. Por lo pronto mantenemos los ojos puestos en el margen y en ello cabe toda una idea sobre las relaciones entre literatura y política, que pertenece a otra discusión.
SH: A propósito de la más reciente entrega de Número 0, me interesa la entrevista que le realizaron a Ignacio Echevarría. Casi al final, Balmaceda le pregunta al editor si cree que la literatura latinoamericana pueda afincarse en su “diferencia” para resistir “los términos culturales que le impone España”. Echevarría responde que debería hacerlo. ¿Estás de acuerdo con Ignacio Echevarría? ¿Crees que los artistas deben afincarse en la diferencia para resistir los términos culturales que le son impuestos? ¿O crees, en todo caso, que se debe transitar por las diferencias más que afincarse en ellas?
PR: En la entrevista que Paz Balmaceda hizo al crítico Ignacio Echeverría se elabora un análisis sobre la forma en que España ha recuperado una cierta condición hegemónica en el ámbito del mercado editorial. Este fenómeno se repite en otros territorios. En México hemos vivido muy claramente, por ejemplo, el crecimiento de la banca española o de las cadenas hoteleras que se han dedicado a comprar las antiguas empresas nacionales. Hay quien acusa un nuevo colonialismo. Lo cierto es que se trata de las consecuencias provocadas por la apertura de los mercados y la globalización financiera. Con el fenómeno editorial sucede lo mismo. Los grandes grupos editoriales mexicanos de las décadas de los sesentas y setentas, fueron poco a poco adquiridos por las grandes transnacionales. Como ejemplo te pongo a Joaquín Mortiz o Diana adquiridos por el grupo Planeta. Esto ha generado la percepción de que para ser un escritor de éxito tienes que pasar por España. Aquí hay dos categorías equivocadas. Una que gira alrededor de una idea rara de “éxito” y otra que gira alrededor de una visión de colonia que no es tal. Tanto Guadalupe Nettel como yo, creemos que no hay peor daño que impostarse a sí mismo, lo que un autor tiene que hacer es afincarse en su propia creación: mexicana porque se escribe desde México, universal porque negar la biblioteca resulta más provinciano que asumirse en un nacionalismo rancio. Tú te puedes sentar en un banquito frente a la posmodernidad y arrojar el anzuelo tan lejos en el tiempo como te plazca, puedes escoger los temas que se te antojen, puedes ser local y global, porque la identidad no está en el pasaporte sino en el lenguaje. Las grandes novelas universales son absolutamente locales, ya seas Graham Greene o Malcom Lowry escribiendo sobre México o Jorge Volpi y Alberto Ruy Sánchez escribiendo sobre historias que suceden al otro lado del Atlántico, pero que se construyen desde una voz única.
Por lo que toca al asunto “España” no creo que se trate de resistir, sino de atreverse a reconocer que la idea de la “raza cósmica” es equivocada en tanto que cada pueblo, identidad o persona, está construida de una multiplicidad de herencias. La idea de una raza pura o una identidad nacional única es totalitaria. La realidad de la agenda que hoy marcan las editoriales españolas es innegable, la salida no está en enfrentarlas sino en convivir con ellas y en atreverse a organizar proyectos propios. Almadía, Textofilia, La Tumbona y Sexto Piso son fenómenos que apuntan hacia eso y son un muy buen ejemplo de lo que significa trabajar en la acción y no desde la resistencia. La contracultura no debe ser una negación, sino una afirmación que a la larga produzca las preguntas y las acciones necesarias para cambiar el paradigma.
SH: Bien decía Duchamp que el arte es un “juego entre todos los hombres de todas las épocas” y, podríamos añadir, quizá, de otros espacios.
Debo decir, sin embargo, que creo que el viejo colonianislismo, ese sistema de dominación previo sigue respirando en las sociedades actuales.
PR: Tienes toda la razón, por ejemplo te diría que cuando vemos un mapamundi lo que aparece en el centro es Europa. Esa es la apreciación cultural más clara del eurocentrismo. Quizá en algunas generaciones miraremos mapamundis con China y los Estados Unidos en el centro. Por lo pronto y puestos a enumerar mecanismos para trascender el colonialismo diría: 1. Girar en nuestro propio eje y marcar la agenda del nosotros. 2. Reconocer el nosotros como lo múltiple. La idea de la raza cósmica es equivocada. Nuestra diversidad cultural implica el reconocimiento de los muchos Méxicos, el de los rarámuris, mayas, nahuas, lancandones pero también el de los menonitas, chipileños, judíos otomíes y negros de la costa chica de Guerrero y Oaxaca. En medio hay un resto inmenso. De ese tamaño es el espacio 3. Entender que los discursos de los 500 años es tan ingenuo como el nacionalismo de cada 15 de septiembre. 4. Pasar del pesimismo cursi, latente y nihilista al debate que busque la cooperación entre clases. 5. Y de una vez por todas, aprender a hacer crítica. El problema de la crítica en México es que se circunscribe al resiñismo y para ello hay que elaborar teoría: teoría política, teoría literaria, teoría crítica. En aras del pragmatismo las ideas.
SH: Hace tiempo en “Relevos después del neoliberalismo” hiciste la siguiente pregunta: ¿Qué está haciendo la literatura para desbordarse del texto y establecer vasos comunicantes con las demás artes? ¿Qué piensas, ahora, como escritor, editor, (ahora entrevistado), sobre esas diagonales, cruces, rozes entre las distintas discplinas artísticas? ¿Siguen existiendo esos cruces, ese placer por el tránsito disciplinario o, se han agotado o reducido a buenas intenciones?
PR: Sobre los cruces interdesciplinarios me parece que forman parte de la creación. Si todo arte empezó con imitar a la naturaleza, por qué no seguir en lo mismo. Aunque veo que con relación al internet existe una fascinación parecida a la que los modernos experimentaron por los aviones, las locomotoras y las grandes maquinarias y aunque (en el caso de la literatura) la fórmula está siendo utilizada al revés (se buscan formatos literarios que funcionen en la red, cuando la red debería utilizarse al servicio de la literatura) lo cierto es que deberíamos encontrar mecanismos para construir otra velocidad, más lenta, pausada, meditada. Vivimos una caída en el presente tal que no estamos siendo capaces de imaginar futuros deseables.
En términos de técnica el futuro es promisorio : los ebooks y tablets abrirán un matrimonio de posibilidades infinitas para la relación entre la literatura y las artes plásticas, en nada veremos un montón de experimentos, novelas ilustradas digitalmente, piezas textuales y visuales a un tiempo, diccionarios de imágenes como lo soñaron los surrealistas. El texto y la imagen están a punto de construir un nuevo alfabeto.
SH: Mencionaste ya los hilos conductores de los números siguiente. Quizá ya hemos hablado un poco sobre las periferias, pero me gustaría hablar sobre los juguetes. Baudelaire se refería a los juguetes como “medios poéticos” para pasar el tiempo y, si no mal recuerdo, como una de los primeros contactos del niño con el arte. Entiendo, por otro lado, que el tema puede tener muchos senderos. ¿Qué les interesa del juguete (y del juego), cómo piensan abordarlo y explorarlo en la revista?
PR: Que buena la idea de Baudelaire. Si me la prestas, la utilizamos para desarrollar el racional que siempre escribimos para elaborar la revista. Si algo puede servir para trabajar en el tema de la identidad, eso es el humor. Racionalidad, más humor, más sentido crítico, es igual a sabiduría. Y en ello, en la diversión, los juguetes son genes protagonistas. Nuestra generación imaginó todos los juguetes con los que juegan nuestros hijos. Pensemos en todo aquello que los juguetes son capaces. Una maqueta y sus derivaciones (casas de muñecas, barcos a escala, castillos exín) permite comprender al mundo, asirlo, las maquetas son modelos de certeza. Las armas y la guerra son modelos de repetición, si queremos comprender el presente escuchemos los juegos de guerra de nuestros hijos. Ahora pensemos en las bicicletas, las ruedas o los patines: junto con los objetos para comer, cargar o dormir, el juguete es una extensión más que le otorga a nuestra especie su condición racional. Dime a que jugaste y te diré cómo piensas.
SH: Claro, puedes utilizar la idea de Baudelaire, y si él no se enoja, cortarla, editarla.
Líneas atrás mencionaste la política y, de alguna forma, es de ésta de quien trata mi siguiente pregunta. Eso creo.
Hace unos días se escuchó, nuevamente, la queja de la desaparición de algunas revistas culturales. Heriberto Yépez señaló a la Internet como el medio que podría cobijar algunas propuestas y señaló, también, las contraindicaciones de afincarse en este territorio. Y hoy por la mañana se habló de unos (de muchos tantos) que murieron por balas perdidas. Y en otros lados, en la columna de Guillermo Fadanellli, por ejemplo, apareció de nuevo una queja sensata: el Estado mexicano ha soslayado los proyectos educativos y culturales, pero ha mantenido, apuntalado, una guerra estúpida y caprichosa. Bueno, con otras palabras.
¿Qué piensas sobre la desaparición de revistas y otros espacios culturales en México? ¿Qué piensas de la falta de interés por la cultura?¿Los artistas deben, debemos, afilar las plumas y los lápices y trazar o esbozar otros caminos? ¿Qué se espera de un proyecto cultural en un Estado como el actual E(e)stado mexicano?
PR: En México tenemos pendientes tres revoluciones: la sexual, la del tiempo y la de los planos mentales. La primera para romper el espacio vital que nos caracteriza, para volvernos una sociedad plural, empática en su diversidad social, lejana al racismo y a la discriminación, donde los hombres aprendamos a caminar hacia la cama con sentido erótico y las mujeres a caminar hacia el espacio público con un liderazgo que resulta más visionario que el de su sexo opuesto. La del tiempo para romper la caída en el presente, asimilar la necesidad de inventarse utopías y desarrollar la puntualidad como medida de lo cotidiano. Es en ese minuto donde empieza el futuro. Si no hemos llegado a las promesas de la revolución o la democracia, en mucho es por impuntuales. Y por último: la revolución de los planos mentales. Vivir instalados en la cultura de la queja facilita la comprensión del mundo, pero no la práxis en él. La única manera para que suceda una eficaz reforma del Estado, depende de una profunda reforma de la sociedad. El desarrollo de la ciudadanía significa básicamente dejar de hacernos pendejos (por cierto busca este movimiento ciudadano Dejemos de Hacernos Pendejos, DHP, se trata de un mecanismo innovador de hacer ciudadanía)
Por último, que aparezcan y desaparezcan revistas son síntomas vitales, impulsos que mientras sigan sucediendo indican que el país está vivo culturalmente; internet es un estupendo medio porque es el modelo anárquico perfecto, pero también es cierto que se parece a una maqueta, un modelo de simulación donde están representados todos, pero no están todos. La inmensa mayoría de los mexicanos no tiene acceso a él. Somos por así decirlo analfabetas funcionales. El debate no debiera estar en la discusión por los soportes, sino en las preguntas que debemos hacernos para cambiar los modelos que ya no sirven. Y es en la elaboración de esas preguntas donde el arte hace de las suyas. Que el artista opte por la abulia, el fashion. el sentido crítico, el zapping o la revolución, es un asunto personal. Pero es muy probable que la historia mande a toda una generación de paseo por su ombligo y el futuro termine por calificarnos como una era sin contienda. A menos que la contienda sea apretar botones que digan: acepto, sigo, me hago fan, pulgar arriba, pulgar abajo.
—Saúl Hernández
Número 0. Entrevista a Pablo Raphael.
Uno de los asistentes a la presentación de Número 0, en la Feria del Libro de la ciudad de Oaxaca (noviembre de 2009), levantó la mano: (no recuerdo la pregunta, pero ésta hablaba del “reto” que supone publicar una revista que apenas tiene publicidad en sus páginas).
Pablo Raphael, uno de los editores de la revista, respondió con otra pregunta: (más o menos así iba su respuesta-pregunta) ¿y qué “reto” supone publicar una revista que utiliza una licencia de Creative Commons (es decir, una licencia que permite que el material allí antologado sea difundido libremente, siempre y cuando se respete el derecho moral de los autores, y sea utilizado sin fines de lucro)?
(La Feria del libro sucedió, por cierto, en noviembre de 2009.)
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SH: Hace poco más de un año escuché decir a Nicolás Cabral (editor de La Tempestad) que las únicas revistas que viven de sus ventas son las de espectáculos. Es evidente. Las revistas de arte y literatura suelen relegar muchas de sus páginas a la publicidad, malquerida siempre pero, al fin y al cabo, necesaria. Llama mi atención que Número 0 sea una publicación muy limpia, con poca publicidad y, por si fuera poco, con una licencia de Creative Commons que, como ha de suponerse, permite la libre circulación del material allí publicado. ¿Por qué decidieron crear una revista de tales características?
PR: La única garantía que cualquier revista tiene para lograr su sobrevivencia a largo plazo es que ésta se venda. Atorarse o confiarse exclusivamente en la venta de publicidad la condena a la dependencia. Ahora bien, entendamos que vender no sólo se circunscribe al número de ejemplares que se distribuyen en librerías, tiendas o puestos de revistas. Verlo así sería parcial e inútil. En el caso de Número 0, nos proponemos romper el cerco de los puntos tradicionales de venta para llegar a los lectores utilizando otros mecanismos: las subscripciones (principalmente), el proyecto digital (que aún está en proceso de construcción) y la distribución de la revista en puntos no convencionales como lo podrían ser una carnicería, una tienda de ropa o una peluquería. No se trata de que el público nos llegue, sino de llegar a él, hasta su puerta, correo electrónico o lugar de esparcimiento ¿Por qué decidimos crear una revista pulcra, con poca publicidad y con licencia Creative Commons? Vamos por partes: editorialmente queríamos una revista donde el lector pudiera respirar, privilegiamos el texto sobre la imagen, pero también creemos que los espacios en blanco son una pausa que, como en la música, ayudan a construir la partitura y cuando van imágenes sólo van imágenes. La nuestra no es una revista de literatura cara, sino un libro de arte muy barato, un libro coleccionable que lo distingue de cualquier producto online. Por lo que toca a la publicidad, ésta es clave y es la segunda fuente de nuestros ingresos (la tercera es la edición de números especiales a petición) y ojalá aumente en los próximos números, siempre bajo el principio que dice: tanto texto como sea posible, tanta publicidad como sea necesaria. En la misma lógica está nuestra apuesta por el copy left. Una cosa es que los derechos de autor estén garantizados y otra cosa es que estos se vean circunscritos a una normativa que cancele eso que yo llamo “la oportunidad del conocimiento”. La costumbre suele convertirse en norma y las instituciones tradicionales no lo están mirando. Basta ver el rezago de la SOGEM en la materia o los abusos de la SGAE con los usuarios. En materia de derechos de autor hay piratas (que roban los derechos de los otros) y hay Corsarios (que roban los derechos de los otros con patentes de corso), estos últimos son los más peligrosos y frente a este modo de operar la norma Creative Commons no sólo es un arma, sino un mecanismo justo que lee el presente en su justa dimensión. No sólo se trata de garantizar derechos, sino también de que los contenidos se puedan compartir para democratizar el conocimiento.
SH: Me parece interesante su propuesta de distribución en lugares otros, en puntos no convencionales. Creo que puede ser buena estrategia de ventas y, quizá, de fomento a la lectura. ¿Articularían, además, otras estrategias de fomento a la lectura en estos puntos de venta? ¿Crees que podrían enfrentar algunos problemas (cierta reticencia, por ejemplo) en esos espacios, con esos posibles lectores?
PR: Desde Número 0 la estrategia de fomentar la lectura tiene varias ramas que están directamente relacionadas con los medios existentes y las condiciones objetivas. La más importante es la promoción de las subscripciones. Se trata de entablar un contacto directo con nuestros lectores, sin la mediación del distribuidor o el librero. La segunda corresponde al medio tradicional que es llegar a las librerías por medio de un distribuidor. La tercera corresponde a la construcción de una plataforma digital que nos permita alcanzar lectores. En esto vamos muy lentos, pero el eje para hacerlo se compondrá de la página web, el blog, las redes sociales, revista digital y la revista en versión vook. Esperamos tener la plataforma terminada al final del año. Por lo que toca a la última rama, esta consistirá en ir más allá de los circuitos tradicionales o electrónicos. Estamos viendo con hoteles, también se nos antojan las peluquerías, los consultorios, las galerías. Si como artista plástico se te ocurre algo, pues hagamos ese algo juntos. Por ejemplo, organizar una exposición relacionada con algún tema de la revista.
SH: Hace rato hablaste de democratización del conocimiento y, probablemente, mi siguiente pregunta tiene que ver con eso: ¿Cuáles han sido los criterios de selección de los autores?
PR: Sobre la democratización del conocimiento te diría lo siguiente: Así como pienso que la democracia electoral es sólo una parte de la democracia, la democratización del conocimiento no quiere decir que votemos a los autores, que hagamos consultas públicas sobre quienes deben publicar en la revista o cualquier cosa parecida a la democracia procedimental. Cuando hablo de la democratización del conocimiento, quiero decir que cualquier trabajo de creación pueda llegar a los lectores sin impedimentos que se esgriman en nombre del derecho autoral y que en realidad signifiquen un detrimento para que la información y el conocimiento fluyan. Nuestro modo de seleccionar autores tiene dos vías: Por invitación (como la revista es temática nos sentamos a pensar qué autores podrían estar interesados en escribir) y por anuncio: tanto en la página web como en cada espacio que nos es posible avisamos cuáles son los siguientes temas. Para este año serán patologías, juguetes y periferias. Cualquiera que quiera escribir puede hacernos llegar sus textos y el comité editorial se encargará de leerlos. Las únicas restricciones son el tema (restricción objetiva) y la calidad (restricción subjetiva) que califica un consejo editorial cuya experiencia respalda la calidad de su lectura.
SH: Claro, entiendo a qué te refieres con democratización del conocimiento. Mi pregunta –quizá, como si se tratara de una pataleta– se dirigía a otro lado: a la selección, por ejemplo, de autores jóvenes, de escritores que crean desde los márgenes. Estoy de acuerdo, democratización tiene que ver con “la oportunidad del conocimiento”. Ave Barrera –en la presentación del número dedicado a “Aventuras”– mencionó la palabra “entrepaños”. Pensé, entonces, en preguntar sobre esos entrepaños, esos espacios (autores, discusiones, géneros) periféricos.
PR: Por supuesto. Nos interesan autores que estén creando desde los márgenes. Además de suscribir el modelo autoral, de empeñarnos en tender puentes entre las distintas literaturas, estamos muy concientes de que las coordenadas son otras y que para consolidar las literaturas de América Latina tenemos que caminar de las periferias al centro, de las orillas a las antiguas capitales, del margen de lo interesante al centro del status quo. Somos parte de un fenómeno que se originó en México después de los sismos de 1985, donde el hipercentro hizo un nudo y la vida cultural se fue transformando poco a poco en un movimiento centrífugo. Por lo que a nuestro caso toca, te pongo un ejemplo. El cuento de Gonzalo Viñao, es de un autor que nunca ha publicado un libro, que tiene un blog y que vive en una provincia de Argentina, lejana a Buenos Aíres ¿Sabes cómo dimos con él? Lo seguí por recomendación de un amigo que vive en Guanajuato y que, a su vez, seguía sus status del facebook, que eran una suerte de minificciones. En fin, que la combinación entre la identidad local y la aspiración de conexiones globales por sonido, imagen, texto o carne, acaban por traducirse en colaboraciones. Y en este sentido, mi único temor es que Número 0 termine un día por perder interés, que se convierta en un asunto de edición mecánica. Por lo pronto mantenemos los ojos puestos en el margen y en ello cabe toda una idea sobre las relaciones entre literatura y política, que pertenece a otra discusión.
SH: A propósito de la más reciente entrega de Número 0, me interesa la entrevista que le realizaron a Ignacio Echevarría. Casi al final, Balmaceda le pregunta al editor si cree que la literatura latinoamericana pueda afincarse en su “diferencia” para resistir “los términos culturales que le impone España”. Echevarría responde que debería hacerlo. ¿Estás de acuerdo con Ignacio Echevarría? ¿Crees que los artistas deben afincarse en la diferencia para resistir los términos culturales que le son impuestos? ¿O crees, en todo caso, que se debe transitar por las diferencias más que afincarse en ellas?
PR: En la entrevista que Paz Balmaceda hizo al crítico Ignacio Echeverría se elabora un análisis sobre la forma en que España ha recuperado una cierta condición hegemónica en el ámbito del mercado editorial. Este fenómeno se repite en otros territorios. En México hemos vivido muy claramente, por ejemplo, el crecimiento de la banca española o de las cadenas hoteleras que se han dedicado a comprar las antiguas empresas nacionales. Hay quien acusa un nuevo colonialismo. Lo cierto es que se trata de las consecuencias provocadas por la apertura de los mercados y la globalización financiera. Con el fenómeno editorial sucede lo mismo. Los grandes grupos editoriales mexicanos de las décadas de los sesentas y setentas, fueron poco a poco adquiridos por las grandes transnacionales. Como ejemplo te pongo a Joaquín Mortiz o Diana adquiridos por el grupo Planeta. Esto ha generado la percepción de que para ser un escritor de éxito tienes que pasar por España. Aquí hay dos categorías equivocadas. Una que gira alrededor de una idea rara de “éxito” y otra que gira alrededor de una visión de colonia que no es tal. Tanto Guadalupe Nettel como yo, creemos que no hay peor daño que impostarse a sí mismo, lo que un autor tiene que hacer es afincarse en su propia creación: mexicana porque se escribe desde México, universal porque negar la biblioteca resulta más provinciano que asumirse en un nacionalismo rancio. Tú te puedes sentar en un banquito frente a la posmodernidad y arrojar el anzuelo tan lejos en el tiempo como te plazca, puedes escoger los temas que se te antojen, puedes ser local y global, porque la identidad no está en el pasaporte sino en el lenguaje. Las grandes novelas universales son absolutamente locales, ya seas Graham Greene o Malcom Lowry escribiendo sobre México o Jorge Volpi y Alberto Ruy Sánchez escribiendo sobre historias que suceden al otro lado del Atlántico, pero que se construyen desde una voz única.
Por lo que toca al asunto “España” no creo que se trate de resistir, sino de atreverse a reconocer que la idea de la “raza cósmica” es equivocada en tanto que cada pueblo, identidad o persona, está construida de una multiplicidad de herencias. La idea de una raza pura o una identidad nacional única es totalitaria. La realidad de la agenda que hoy marcan las editoriales españolas es innegable, la salida no está en enfrentarlas sino en convivir con ellas y en atreverse a organizar proyectos propios. Almadía, Textofilia, La Tumbona y Sexto Piso son fenómenos que apuntan hacia eso y son un muy buen ejemplo de lo que significa trabajar en la acción y no desde la resistencia. La contracultura no debe ser una negación, sino una afirmación que a la larga produzca las preguntas y las acciones necesarias para cambiar el paradigma.
SH: Bien decía Duchamp que el arte es un “juego entre todos los hombres de todas las épocas” y, podríamos añadir, quizá, de otros espacios.
Debo decir, sin embargo, que creo que el viejo colonianislismo, ese sistema de dominación previo sigue respirando en las sociedades actuales.
PR: Tienes toda la razón, por ejemplo te diría que cuando vemos un mapamundi lo que aparece en el centro es Europa. Esa es la apreciación cultural más clara del eurocentrismo. Quizá en algunas generaciones miraremos mapamundis con China y los Estados Unidos en el centro. Por lo pronto y puestos a enumerar mecanismos para trascender el colonialismo diría: 1. Girar en nuestro propio eje y marcar la agenda del nosotros. 2. Reconocer el nosotros como lo múltiple. La idea de la raza cósmica es equivocada. Nuestra diversidad cultural implica el reconocimiento de los muchos Méxicos, el de los rarámuris, mayas, nahuas, lancandones pero también el de los menonitas, chipileños, judíos otomíes y negros de la costa chica de Guerrero y Oaxaca. En medio hay un resto inmenso. De ese tamaño es el espacio 3. Entender que los discursos de los 500 años es tan ingenuo como el nacionalismo de cada 15 de septiembre. 4. Pasar del pesimismo cursi, latente y nihilista al debate que busque la cooperación entre clases. 5. Y de una vez por todas, aprender a hacer crítica. El problema de la crítica en México es que se circunscribe al resiñismo y para ello hay que elaborar teoría: teoría política, teoría literaria, teoría crítica. En aras del pragmatismo las ideas.
SH: Hace tiempo en “Relevos después del neoliberalismo” hiciste la siguiente pregunta: ¿Qué está haciendo la literatura para desbordarse del texto y establecer vasos comunicantes con las demás artes? ¿Qué piensas, ahora, como escritor, editor, (ahora entrevistado), sobre esas diagonales, cruces, rozes entre las distintas discplinas artísticas? ¿Siguen existiendo esos cruces, ese placer por el tránsito disciplinario o, se han agotado o reducido a buenas intenciones?
PR: Sobre los cruces interdesciplinarios me parece que forman parte de la creación. Si todo arte empezó con imitar a la naturaleza, por qué no seguir en lo mismo. Aunque veo que con relación al internet existe una fascinación parecida a la que los modernos experimentaron por los aviones, las locomotoras y las grandes maquinarias y aunque (en el caso de la literatura) la fórmula está siendo utilizada al revés (se buscan formatos literarios que funcionen en la red, cuando la red debería utilizarse al servicio de la literatura) lo cierto es que deberíamos encontrar mecanismos para construir otra velocidad, más lenta, pausada, meditada. Vivimos una caída en el presente tal que no estamos siendo capaces de imaginar futuros deseables.
En términos de técnica el futuro es promisorio : los ebooks y tablets abrirán un matrimonio de posibilidades infinitas para la relación entre la literatura y las artes plásticas, en nada veremos un montón de experimentos, novelas ilustradas digitalmente, piezas textuales y visuales a un tiempo, diccionarios de imágenes como lo soñaron los surrealistas. El texto y la imagen están a punto de construir un nuevo alfabeto.
SH: Mencionaste ya los hilos conductores de los números siguiente. Quizá ya hemos hablado un poco sobre las periferias, pero me gustaría hablar sobre los juguetes. Baudelaire se refería a los juguetes como “medios poéticos” para pasar el tiempo y, si no mal recuerdo, como una de los primeros contactos del niño con el arte. Entiendo, por otro lado, que el tema puede tener muchos senderos. ¿Qué les interesa del juguete (y del juego), cómo piensan abordarlo y explorarlo en la revista?
PR: Que buena la idea de Baudelaire. Si me la prestas, la utilizamos para desarrollar el racional que siempre escribimos para elaborar la revista. Si algo puede servir para trabajar en el tema de la identidad, eso es el humor. Racionalidad, más humor, más sentido crítico, es igual a sabiduría. Y en ello, en la diversión, los juguetes son genes protagonistas. Nuestra generación imaginó todos los juguetes con los que juegan nuestros hijos. Pensemos en todo aquello que los juguetes son capaces. Una maqueta y sus derivaciones (casas de muñecas, barcos a escala, castillos exín) permite comprender al mundo, asirlo, las maquetas son modelos de certeza. Las armas y la guerra son modelos de repetición, si queremos comprender el presente escuchemos los juegos de guerra de nuestros hijos. Ahora pensemos en las bicicletas, las ruedas o los patines: junto con los objetos para comer, cargar o dormir, el juguete es una extensión más que le otorga a nuestra especie su condición racional. Dime a que jugaste y te diré cómo piensas.
SH: Claro, puedes utilizar la idea de Baudelaire, y si él no se enoja, cortarla, editarla.
Líneas atrás mencionaste la política y, de alguna forma, es de ésta de quien trata mi siguiente pregunta. Eso creo.
Hace unos días se escuchó, nuevamente, la queja de la desaparición de algunas revistas culturales. Heriberto Yépez señaló a la Internet como el medio que podría cobijar algunas propuestas y señaló, también, las contraindicaciones de afincarse en este territorio. Y hoy por la mañana se habló de unos (de muchos tantos) que murieron por balas perdidas. Y en otros lados, en la columna de Guillermo Fadanellli, por ejemplo, apareció de nuevo una queja sensata: el Estado mexicano ha soslayado los proyectos educativos y culturales, pero ha mantenido, apuntalado, una guerra estúpida y caprichosa. Bueno, con otras palabras.
¿Qué piensas sobre la desaparición de revistas y otros espacios culturales en México? ¿Qué piensas de la falta de interés por la cultura?¿Los artistas deben, debemos, afilar las plumas y los lápices y trazar o esbozar otros caminos? ¿Qué se espera de un proyecto cultural en un Estado como el actual E(e)stado mexicano?
PR: En México tenemos pendientes tres revoluciones: la sexual, la del tiempo y la de los planos mentales. La primera para romper el espacio vital que nos caracteriza, para volvernos una sociedad plural, empática en su diversidad social, lejana al racismo y a la discriminación, donde los hombres aprendamos a caminar hacia la cama con sentido erótico y las mujeres a caminar hacia el espacio público con un liderazgo que resulta más visionario que el de su sexo opuesto. La del tiempo para romper la caída en el presente, asimilar la necesidad de inventarse utopías y desarrollar la puntualidad como medida de lo cotidiano. Es en ese minuto donde empieza el futuro. Si no hemos llegado a las promesas de la revolución o la democracia, en mucho es por impuntuales. Y por último: la revolución de los planos mentales. Vivir instalados en la cultura de la queja facilita la comprensión del mundo, pero no la práxis en él. La única manera para que suceda una eficaz reforma del Estado, depende de una profunda reforma de la sociedad. El desarrollo de la ciudadanía significa básicamente dejar de hacernos pendejos (por cierto busca este movimiento ciudadano Dejemos de Hacernos Pendejos, DHP, se trata de un mecanismo innovador de hacer ciudadanía)
Por último, que aparezcan y desaparezcan revistas son síntomas vitales, impulsos que mientras sigan sucediendo indican que el país está vivo culturalmente; internet es un estupendo medio porque es el modelo anárquico perfecto, pero también es cierto que se parece a una maqueta, un modelo de simulación donde están representados todos, pero no están todos. La inmensa mayoría de los mexicanos no tiene acceso a él. Somos por así decirlo analfabetas funcionales. El debate no debiera estar en la discusión por los soportes, sino en las preguntas que debemos hacernos para cambiar los modelos que ya no sirven. Y es en la elaboración de esas preguntas donde el arte hace de las suyas. Que el artista opte por la abulia, el fashion. el sentido crítico, el zapping o la revolución, es un asunto personal. Pero es muy probable que la historia mande a toda una generación de paseo por su ombligo y el futuro termine por calificarnos como una era sin contienda. A menos que la contienda sea apretar botones que digan: acepto, sigo, me hago fan, pulgar arriba, pulgar abajo.
—Saúl Hernández
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